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	<title>Coria del Río</title>
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	<description>Pasado, presente y futuro.</description>
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		<title>Calle Cervantes</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 19:09:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle2b-n.gif"><img title="calle2b-n" src="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle2b-n.gif" alt="" width="245" height="166" /></a>      <a href="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle2Gcolor.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-136" title="calle2Gcolor" src="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle2Gcolor.jpg" alt="" width="255" height="194" /></a></p>
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		<title>Avenida de Andalucía</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 19:07:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Retrospectivas]]></category>

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		<description><![CDATA[            La definitiva ocupación urbana de estos espacios inundables del Guadalquivir tuvo también mucho que ver con la integración del núcleo coriano en el proyecto de la línea de Tranvías desde La Puebla del Río a Sevilla, que acabaría trazándose justamente por la nueva calle nacida entre Punta Arenas y<a href="http://www.coriadelrio.com/avenida-de-andalucia"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle1Gcolor.jpg"><img class="wp-image-129 alignnone" title="calle1Gcolor" src="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle1Gcolor.jpg" alt="" width="240" height="215" /></a>           <a href="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle1Gb-n.jpg"><img class="wp-image-130 alignnone" title="calle1Gb-n" src="http://www.coriadelrio.com/wp-content/uploads/2012/01/calle1Gb-n.jpg" alt="" width="240" height="203" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La definitiva ocupación urbana de estos espacios inundables del Guadalquivir tuvo también mucho que ver con la integración del núcleo coriano en el proyecto de la línea de Tranvías desde La Puebla del Río a Sevilla, que acabaría trazándose justamente por la nueva calle nacida entre Punta Arenas y la carretera a La Puebla del Río. Este hecho no sólo aceleraría la consolidación de dicha vía urbana como parte esencial en la vida de la localidad, sino que también determinó en gran medida y durante muchos años su propio paisaje.</p>
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		<title>Apellido Japón</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 19:03:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[ApellidoJapon]]></category>

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		<description><![CDATA[A unos 12 km. al suroeste de Sevilla, siguiendo el margen derecho del río Guadalquivir aparece ante nosotros un pequeño pueblo llamado Coria del Río. Este pueblo sevillano suma a su herencia romana y musulmana, la experiencia de ser el anfitrión de un encuentro entrañable entre España y Japón, que ha dejado una huella perpetua,<a href="http://www.coriadelrio.com/apellido-japon"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A unos 12 km. al suroeste de Sevilla, siguiendo el margen derecho del río Guadalquivir aparece ante nosotros un pequeño pueblo llamado Coria del Río. Este pueblo sevillano suma a su herencia romana y musulmana, la experiencia de ser el anfitrión de un encuentro entrañable entre España y Japón, que ha dejado una huella perpetua, hoy recuerdo vivo, mantenido por quince generaciones de andaluces, que han conservado el apellido Japón de sus antepasados.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue en el año 1614 cuando una expedición, dirigida por el samurai Hasekura Tsunenaga, llegó a Coria del Río. El propósito de esta expedición era visitar al Papa en Roma y obtener apoyo político y religioso para los japoneses convertidos al cristianismo, al mismo tiempo que establecer contactos comerciales. La expedición partió de Sendai, al norte de la mayor isla del archipiélago japonés, en primer lugar con destino a México para después, hacer escala en el rico puerto fluvial del Guadalquivir en Coria, antes de salir hacia Italia. De este modo, los japoneses pretendían conocer la ruta a Nueva España como posible ruta comercial. Tras ser recibidos por las autoridades relevantes de esta localidad y de la ciudad de Sevilla, Hasekura partió hacia la capital, donde sería recibido por el rey Felipe III, antes de continuar su viaje y regresar finalmente a Japón. Por el contrario, algunos de los japoneses de Hasekura, sabiendo de la persecución del Cristianismo y cierre de las fronteras japonesas, decidieron quedarse a vivir en Sevilla y profesar sin peligro su religión.</p>
<p style="text-align: justify;">La huella de la estancia nipona en Coria fue una nueva descendencia que llenó las calles de este lugar. Las primeras noticias en torno a ella aparecieron a mediados del siglo XVII en el registro bautismal de la Parroquia de Santa María de la Estrella, donde se encontró la partida bautismal de un niño que llevaba por apellido Japón, hijo de uno de los japoneses miembros de la tripulación de Hasekura. Otro caso igual fue registrado en Extremadura en 1620 aunque parece ser, que fue en Coria donde el apellido tuvo mayor expansión. Incluso en el censo sevillano de 1995 se localizan hasta seiscientas personas que llevan este apellido.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre ellas se encuentra el árbitro de fútbol José Japón Sevilla, cuya combinación de apellidos nos resulta significativa. Sin embargo, este hecho singular de la existencia del apellido Japón, ha permanecido desconocido para el pueblo japonés, hasta que en 1989 con motivo de la conmemoración de la fundación de la ciudad de Sendai se empieza a investigar sobre el pasado de la misma, hallando una serie de documentos escritos por Date Masamune, gran Señor de Sendai, donde se menciona la misión de Hasekura. Comienza así el contacto con Coria del Río en busca de más información sobre aquel acontecimiento. El Ayuntamiento de Sevilla remitió a Sendai una de las cartas que trajera Hasekura, conservada allí, y explicó el caso de los descendientes de los japoneses de Coria del Río, noticia que se publicaría en el periódico Asahi. Desde entonces han sido muchos los encuentros entre estos dos pueblos.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1992 con motivo de la Expo de Sevilla, en el pabellón de Japón tuvo lugar un encuentro muy emotivo entre el embajador y algunos de los descendientes de japoneses que se reunieron allí. También, en mayo de ese mismo año el gobierno japonés de la ciudad de Sendai hizo construir en el Paseo de Coria una estatua de Hasekura. Y en 1996 la Embajada del Japón rindió un emocionante homenaje a todos los descendientes de los japoneses para así conmemorar el 382 aniversario de la llegada a España de la misión de Hasekura. La Asociación Hispano Japonesa Hasekura de Coria del Río, fundada en 1993, organiza actividades y fomenta el encuentro entre corianos y japoneses que visitan el pueblo de sus antepasados. De este modo, se perpetua el lazo de hermandad y amistad que un día uniera a estos pueblos y se nos invita de nuevo al encuentro.</p>
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		<title>Coria Medieval</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 18:53:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medieval]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribir sobre la historia medieval de Coria del Rio entraña una serie de dificultades. La Edad Media es una época histórica poco conocida, y por ello fácil presa para todo tipo de especulaciones y falsas interpretaciones. Precisamente donde el desconocimiento se hace más evidente es en el marco de la historia local, es decir la<a href="http://www.coriadelrio.com/coria-medieval"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
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<p style="text-align: justify;"><span>Escribir sobre la historia medieval de Coria del Rio entraña una serie de dificultades. La Edad Media es una época histórica poco conocida, y por ello fácil presa para todo tipo de especulaciones y falsas interpretaciones. Precisamente donde el desconocimiento se hace más evidente es en el marco de la historia local, es decir la vida de los pueblos y sus gentes, esa vida que por cotidiana no suele protagonizar grandes hazañas ni perdurar en la mente de los pueblos.<span id="more-122"></span><br />
Quizás lo más inmediato, dadas estas premisas, sea salir del excesivo localismo y situarnos en un marco más general donde ia evolución histórica de esta localidad adquiera significado. Coria del Rio es una población que se inserta en una comarca rural singularizada y bien definida a lo largo de toda su historia, me refiero al Aljarafe. Por ello, la localidad va a vivir las mismas fases y etapas que el resto de los numerosos lugares que componen esta región. Ahora bien, la riqueza de la historia de esta zona es tal que desborda con mucho los límites de este capítulo sobre el período medieval de Coria del Rio, por lo que se tratará exclusivamente de marcar las fases de la evolución histórica, resaltando los fenómenos que de manera más clara influyeron en la localidad que nos ocupa.<br />
El periodo medieval fue fundamental en el devenir histórico de esta comarca. Se trata de una época en la que se va a forjar un Aljarafe nuevo, no ya tartésico, griego, romano o musulmán, sino todo ello más el aporte cristiano, lo que le va a dar una fisonomía diferente, podríamos decir que única, a esta zona, haciendo de ia misma una individualidad dentro de la multiplicidad de comarcas que componen ia Andalucía actual.<br />
La historia del Aljarafe en ia Edad Media es una historia que se inserta dentro de la del conjunto peninsular. La Península vive durante los siglos <span style="color: #000000;">medievales una situación peculiar y característica: la presencia de un poder musulmán durante nada menos que ocho siglos. Hacia el 711, el poder islámico invade desde el Sur prácticamente todo el territorio peninsular, quedando sólo algunos reductos cristianos en las montañas pirenaicas y cántabras. Poco después estos núcleos cristianos, presionados por el Islam, iniciarán un proceso de avance hacia el Sur, en un intento primero de supervivencia y más tarde de recuperación de las tierras ocupadas por los musulmanes. Es el inicio de lo que se ha llamado reconquista española, fenómeno presente durante toda Ia Edad Media y que culminará en el año 1492 con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.<br />
Estas especiales circunstancias hace que Ia España medieval aparezca dividida en dos grandes espacios políticos:</p>
<p>A) Al Norte Ia España cristiana, que vive en conti nua aunque lenta expansión, durante la cual irán apareciendo distintos reinos, diferentes entidades político-territoriales, que con los nombres de Castilla, Navarra, Aragón, etc., protagonizarán un largo e intermitente enfrentamiento bélico con los musulmanes<br />
. B) El otro gran espacio geopolitico, al Sur, es Ia España musulmana, que’ vive un progresivo retroceso territorial, sobre todo a partir del siglo XI, tras la desaparición del Califato, sin duda el período más brillante del dominio islámico hispano. Este territorio del Sur de la Península es conocido con el nombre de Al-Andalus, denominación que acabará designando a toda Ia zona al Sur de Sierra Morena la actual Andalucía, pero que en la Edad Media designaba no sólo a esta zona concreta, sino a todo el territorio ocupado por los musulmanes, por tanto, en principio a Ia práctica totalidad de la Península.</p>
<p>Pues bien, la historia del Aljarafe aparece así igual mente dividida en dos etapas diferentes, una musulmana y otra cristiana. La etapa musulmana fue muy larga, de hecho duró aproximadamente cinco siglos y medio, durante los cuales el Aljarafe se convirtió en una de las zonas más alabadas y glorificadas por los cronistas, viajeros y poetas musulmanes. El «as-saraf»; la colina o el otero, como la llamaban los musulmanes, será definida por el historiador Al-Idrisi como «un mar de olivos», que tenía, según otro cronista poeta, Al-Himyari, nada menos que 8.000 alquerías. Esta realidad se refleja en esa expresiva frase de un poeta andalusí del siglo XII, que encomia las casas encaladas de esta comarca diciendo de ellas que parecen «estrellas blancas en un cielo de olivos». En suma, en visión de estos cronistas musulmanes, una auténtica tierra de provisión, rica, bien poblada, e incluso mimada por los sevillanos que tienen en ella no sólo una fuente de abastecimiento primordial, sino también el lugar de solaz y descanso para la ajetreada vida de la ya entonces populosa Sevilla. Una zona, además, productora de aceitunas para el consumo, aceite, higos y frutas, de los que extraerán los sevillanos una importante fuente de ingresos al comercializarlos en el mercado internacional de entonces.<br />
Pero este marco, en cierto modo paradisíaco que ofrecen los viajeros de los siglos X, XI y XII, pronto se va a quebrar. Las dificultades que minan la España musulmana se van a sentir gravemente en la comarca que nos atañe. La caída del Califato de Córdoba en el siglo XI trae consigo la creación de pequeñas células políticas, de restrigidos reinos individualistas, que conocemos como los Reinos de Taifas. En ellos, las luchas internas por el poder propician una debilidad que les hace fácil presa de los ataques de pueblos nómadas del Norte de África. Procedentes del desierto africano, los almorávides y almohades barren Al-Andalus. La división interna y la falta de seguridad por la ausencia de un poder central fuerte, propician cada vez más, la presión militar en AI-Andalus de esa otra fuerza política peninsular, la España cristiana. A partir del 1212, con la derrota musulmana en las Navas de Tolosa, se inicia el periodo final, aunque largo aún, de </span><span><span style="color: #000000;">la definitiva reducción territorial de los dominios musul manes en el Sur peninsular, que culminará en esa otra fecha clave que es el año 1492, con la ya mencionada conquista del reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos.<br />
La incorporación de la Andalucía Occidental a la Corona de Castilla es obra del rey Fernando III, un monarca que al final de su vida se sintió tan apegado a estas tierras que quiso morir en ellas, y ser sepultado en la que habia sido su máxima gloria política y militar, Ia recién conquistada Sevilla. El monarca inicia sus operaciones militares contra AI-Andalus en 1224, utilizando el paso de Despeñaperros, aún hoy como entonces el mejor acceso a Andalucía. Desde tierras jiennenses se dirige por el curso del Guadalquivir hasta Córdoba, que cae en manos castellanas en 1237. Con ello daba un tremendo golpe a la ya quebrantada moral de los andalusíes, y desde luego, Ia conquista de Ia que había sido capital califal, se convirtió en una inyección de entusiasmo para los castellanos. Pero quedaba aún por conquistar el que en el siglo XIII era el núcleo más importante de dominio musulmán en el Valle del Guadalquivir: Sevilla.<br />
Desde Córdoba se prepara con enorme cuidado los pasos a seguir para ia ocupación de esta ciudad. Dos cuerpos de ejército salen de la antigua capital califal hacia el Sur: uno siguiendo el río, y otro a través de Ia campiña. En este avance caen en manos cristianas localidades como Lora del Río, Guillena, Gerena, Alcalá del Río, Carmona y la bien fortificada Alcalá de Guadaira. Sevilla va a ser cercada en 1247, año en que las tropas castellanas acampan en las afueras de Ia ciudad. El cerco iba a ser muy duro, tanto para los andalusíes sevillanos como para los castellanos asediadores. Una serie de campamentos militares rodean a Ia amurallada Sevilla, estableciéndose en puntos como el campo de Tablada, la Puerta de la Macarena, Eritaña o Ia Puerta de Carmona; es decir intentando claramente taponar las salidas de la ciudad. Pero la zona más peligrosa, y sin duda Ia estratégicamente más importante, era Ia que a través de Triana conectaba Sevilla ciudad con su zona de abastecimiento: el Aljarafe. Del Aljarafe venian los productos para alimentar a Ia cercada población sevillana, y también los posibles refuerzos militares de los musulmanes del aún poderoso Reino de Niebla, el más cercano y el único que podía apoyar en su resistencia a los sevillanos. Quizás por ello, este punto de conexión entre Sevilla y su Aljarafe fuera el más cuidado por el rey San Fernando, quien estableció en Ia orilla derecha del Guadalquivir, a los pies del castillo de Aznalfarache, a sus mejores y más escogidas tropas, las que componían los efectivos de Ia Orden Militar de Santiago. Éstas tratarán a duras penas de interceptar cualquier posible ayuda a Ia cercada Sevilla.<br />
A pesar de todo la resistencia se mantuvo, y lo hizo gracias a Ia permanencia de una vía abierta entre Ia ciudad y su campo. Nos estamos refiriendo al famoso puente de barcas sobre el Guadalquivir, que unía Sevilla con su arrabal, Triana, y a través del que llegaban abastecimientos para la población sevillana. Una vía mantenida por la defensa que de la misma hacían los andalusíes desde el poderoso castillo de Triana. Ciertamente la única solución para terminar con el cerco, que ya se prolongaba demasiado, era romper con ese cordón umbilical que seguía haciendo posible la vida dentro de Sevilla. Para ello se va a utilizar el empleo de la marina cántabra. Una flota sale de los puertos del Norte para adentrarse por Ia desembocadura del Guadalquivir, y al mando del almírante Ramón Bonifaz, romper el puente de barcas. A partir de ese momento la situación interna de Ia ciudad se hace insostenible y pronto se inician las negociaciones para la rendición y entrega de la misma a manos cristianas. Esto tuvo lugar el día de San Clemente, 23 de noviembre de 1248. En las capitulaciones de Sevilla se in cluye la entrega de las tierras del Aljarafe, zona que pasa así oficialmente a formar parte de la Corona de Castilla junto a su capital.<br />
Se había iniciado así la etapa cristiana de la historia medieval del Aljarafe, y con ella la de la villa de Coria del Río. Pero la simple conquista militar no era el final del proceso. Después del empleo de las armas vendría la labor más ardua: asentar una nueva población en la zona, una población cristiana que consolidara definitivamente lo que los ejércitos habían comenzado, el control castellano del Valle del Guadalquivir. Este proceso de asentamiento de una nueva población en la zona es lo que conocemos como repoblación, y significó un auténtico trasvase de elementos humanos desde el Norte al Sur peninsular. Para atraer a esta nueva población se le va a ofrecer tierras de cultivo y casas para habitar. La riqueza agrícola de la zona va a ser un enorme incentivo para las gentes de más allá de Sierra Morena, y pronto auténticas riadas de gentes de León, Castilla, Aragón, Valencia, Navarra, así como extranjeros procedentes de Portugal. Francia o Italia, vendrán a asentarse en Sevilla y sus alrededores, constituyéndose en la nueva base poblacional de esta zona.<br />
¿Qué ocurrió con la población musulmana? El destino de la que a partir de ahora se va a llamar población mudéjar, va a ser muy diferente según las circunstancias que presidieron su incorporación a Castilla. Así, Sevilla ciudad, que resistió duramente a las tropas castellanas, va a ser en palabras de los cronistas contemporáneos vaciada de musulmanes, es decir, los habitantes de la urbe deberán abandonar sus casas y posesiones. Por el contrario, aquellas poblaciones que, como las del Aljarafe, no ofrecieron una directa oposición armada a los cristianos, van a permanecer en sus lugares de origen e incluso conservarán sus propiedades, tanto rústicas como muebles. En principio, parece que la política de Fernando III y Alfonso X fue la de mantener al máximo a la población mudéjar en sus tierras, como único medio de no desequilibrar la economía de la zona por falta de brazos para el trabajo. De hecho, en los primeros momentos de la historía cristiana dela comarca, la inmensa mayoría de la población mudéjar, es decir musulmana, y sobre ella se superponía una minoría cristiana que tenía el papel predominante en el gobierno y control de las localidades.<br />
Mientras esta situación se mantenía, la repoblación con cristianos del Norte se fue acelerando. Fernando III y sobre todo su hijo Alfonso, inician muy pronto la llamada Operación de Repartimiento; en otras palabras, el reparto, organizado y dirigido por los monarcas, de tierras a los nuevos pobladores andaluces. En este sentido Coria ha tenido una enorme suerte, al conservarse documentos referentes a tan importante momento de su historia: aquél en que va a recibir un aporte humano básico para su futuro y clave en todos los sentidos.¿Quiénes vinieron a repoblar Coria del Río? Según la Crónica General, fue el infante don Alfonso —el futuro Rey Sabio.— quien entregó la villa de Coria a 500 hombres catalanes para que Ia poblasen. Sin embargo esto debió quedar sólo sobre el papel, yá que en 1625, siendo ya rey, Alfonso X vuelve a dar la villa de Coria a 150 hombres, igualmente de origen catalán. El documento de concesión de Coria a estos repobladores se encuentra en Ia actualidad custodiado en el archivo municipal de esta localidad, y hace mención expresa de una serie de privilegios y franquezas a los mismos con el claro objetivo de que se sintieran atraídos a permanecer en el lugar.<br />
Es interesante observar el papel de los catalanes en la repoblación del área sevillana. En la mayoría de las menciones a este grupo humano, los encontramos formando comunidades más o menos compactas pero casi siempre repoblando lugares de forma conjunta. Además de Coria del Río, los catalanes repueblan Camas, y Ia propia ciudad de Sevilla recibe un contingente de personas procedentes de Cataluña, que agrupados en un barrio propio que lleva su nombre constituyeron un activo grupo en el desarrollo de Ia vida comercial de la ciudad.<br />
Pero vayamos de nuevo al punto concreto que nos interesa: el área ribereña de Coria. Tras su repoblación, Coria del Río quedó situada en una zona muy peligrosa, prácticamente fronteriza a los dominios musulmanes, y por ello fácil presa de razzias y ataques devastadores de los ejércitos granadinos. Sin embargo, los más graves estuvieron protagonizados por ejércitos africanos que llegaban a la Península en apoyo de reino nazarí de Granada, único reducto musulmán que quedaba en la Península tras las conquistas de Fernando III y Alfonso X, y cuyas fronteras, coma antes mencionábamos, llegaban prácticamente hasta el curso del Guadalquivir. Estas tropas africanas las componían un pueblo nómada, guerrero y muy violento, que conocemos con el nombre de los benimerines, al mando de un personaje cuyo solo nombre llegó a atemorizar a los habitantes de la zona, el legendario Yusuf. Los benimerines van a asolar, desde los años 60 del siglo XIII, toda Ia zona dela Ribera e incluso el interior del Aljarafe; ataques que perdurarán hasta 1285. Esta actividad bélica continuada va a provocar ciertamente la ruina económica de la zona, y también, como consecuencia de ello, el que muchos de los nuevos repobladores abandonen sus tierras y se marchen a sus lugares de origen. Coria del Río será una de las poblaciones que sufra más duramente estos ataques, hasta tal punto que su recuerdo ha quedado reflejado en los Cancioneros de la época, caso de las famosas Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, en las que se cuenta un milagro producido en la localidad cuando ésta se vio atacada por el temible Yusuf y sus tropas africanas.<br />
</span></span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p style="text-align: justify;"><span><span><span style="color: #000000;">Pero además de la ruina económica o la huida de los repobladores, los benimerines propiciaron la sublevación de los mudéjares, en 1264 la rebelión mudéjar fue tan grave y tan generalizada, que los monarcas castellanos no sólo Ia reprimieron violentamente sino que en cierta forma se vieron obligados a decretar la expulsión de estos peligrosos elementos. Se inicia así un éxodo de la población musulmana de la zona y con él un vacío demográfico nada positivo para la región.<br />
El resultado de la repoblación fue a la larga negativo. Las circunstancias no fueron propicias y la zona, devastada y despoblada en gran medida, vive en los años finales del siglo XIII unos dificiles momentos.<br />
A pesar de todo lo expuesto ,la Corona castellana inicia muy pronto la organización del territorio. A Sevilla ciudad se le asigna como término una enorme extensión de tierras, que constituían lo que en la época se llama el <em>alfoz</em> de la ciudad. Se trata de un territorio que abarcaba prácticamente la actual provincia de Sevilla más el Norte de Huelva y el Sur de Badajoz. Este extenso alfoz se dividía a su vez en varios distritos, de los que el Aljarafe fue sin duda uno de los más importantes. Así fue como Coria del Río, incluida en el distrito aljarafeño, aparece desde el principio de su etapa cristiana como una villa dependiente de Sevilla, regida por las autoridades de la urbe y relacionada por tanto directamente con la misma.<br />
El Aljarafe sufre bajo esta nueva dirección política- administrativa una serie de importantes transformaciones. De ese Aljarafe musulmán compuesto por 8.000 aldeas —sin duda una cifra algo exagerada por el cronista musulmán, pero indicativa de la existencia de un poblamiento disperso—, se va a pasar a una realidad muy diferente. Durante los siglos XIII, XIV y XV, se va a ir forjando la realidad del poblamiento que aún hoy permanece en la comarca. El proceso se puede describir diciendo que el Aljarafe sufre un intenso reagrupamiento de la población, que propicia la desaparición de pequeñas aldeas y Ia formación de villas de mayor importancia que absorben a los habitantes de aquéllas. Este fenómeno aparece perfectamente claro en el caso de las Mitaciones. Las Mitaciones son circunscripciones territoriales características del Aljarafe, en las que exis ten no uno sino varios núcleos de población. Un ejemplo muy claro lo tenemos en la llamada Mitación de Palomares, muy cercana a Coria del Río. Esta comprendía un territorio que albergaba a Mairena, Almensilla y Palomares, así como otras cuatro aldeas que desaparecen por despoblación a lo largo del siglo XV. Aún más sintomático es el caso de la Mitación de Bollullos, compuesta por nada menos que nueve núcleos aldeanos, de los que a finales de la Edad Media sólo queda su núcleo cabecera, Bollullos, que conserva aún en su toponimia el recuerdo de esta peculiar situación: Bollullos de la Mitación.<br />
Pues bien, también Coria del Río se va a beneficiar de este reagrupamiento de la población que sufre el Aljarafe. En su primitivo término, y durante el siglo XIII, Coria comparte el territorio con dos localidades más, Uncina y Loya, aldeas que se despueblan muy pronto, mientras que Coria, por el contrario, inicia una fase de franca expansión demográfica, como tendremos ocasión de ver más tarde.<br />
Coria del Río, además, va a disfrutar de una posición de privilegio con respecto al resto de los lugares del Aljarafe. Su situación en la ribera del Guadalquivir y su cercanía a la ciudad, va a dar lugar a que ,Sevilla tenga una especial consideración hacia esta villa, lo que va a diferenciarla del resto de los núcleos aljarafeños. Esta situación especial se refleja en la denominación que recibe Coria del Río en los siglos bajomedievales, que no es otra que la de «Guarda y Collación» de Sevilla. Es decir, no va a ser un pueblo más del alfoz o territorio asignado a la ciudad, sino una villa que va a gozar de los privilegios que son propios de las collaciones o barrios urbanos: exenciones de impuestos y tributaciones determinadas, y sobre todo, un privilegio con una importante carga económica, como fue la posibilidad de utilizar libremente y sin previo pago los ricos pastos de las Marismas, que le son tan cercanos, y que eran de uso exclusivo para los habitantes de la ciudad.<br />
Hasta aquí hemos intentado insertar a la villa de Coria del Río en el contexto histórico de la España Medieval, y sobre todo exponer las circunstancias en las que pasó de manos musulmanas a cristianas, juntamente con los restantes núcleos que componían el Aljarafe. Veamos ahora algunos aspectos concretos sobre Coria del Río referentes a su demografia, economía y organización ínter na, en la etapa final de su período medieval.</p>
<p><strong>Demografia.</strong></p>
<p>La población de Coria del Rio sufre importantes altibajos a lo largo de la Baja Edad Media. Repoblada primero por 150 hombres catalanes que se unirían a su anterior población musulmana, ésta desaparece tras la expulsión mudéjar decretada en 1264. Se iniciaba así ur período en que la densidad poblacional disminuyó, acentuándose el fenómeno en los últimos años del siglo XIII &#8211; causa de la mencionada situación fronteriza, y también &#8211; durante el siglo XIV, a causa de graves brotes epidémico producidos a lo largo de esta catastrófica centuria. La situación, muy grave demográficamente hablando, la ex presan los propios vecinos de Coria del Río en un documento de 1386, en el que dicen haber disminuido el<span style="color: #0033cc;"> <span style="color: #000000;">número de sus vecinos debido a la gran pobreza que padece la villa. Es decir, entre finales del siglo XIII y finales del XIV, la zona, y con ella la villa que nos ocupa, ha sufrido los tres grandes azotes de la época: la guerra, el hambre y la Peste.<br />
En el siglo XV, sin embargo, Coria del Río va a iniciar un período diferente, positivo en sus resultados finales, aunque no exento de dificultades. En la primera mitad de esta centuria, Coria del Río tiene sólo 57 vecinos, es decir, entre 200 y 250 habitantes, lo que la sitúa por encima, en número de población, que Puebla del Río -con unos 150 habitantes— o Pilas —con poco más de 100 habitantes—. En los años 80 del siglo XV la población de Coria ha aumentado de forma sorprendente, hasta tal punto que ofrece uno de los índices de crecimiento demográfico más altos de todo el Aljarafe ~323%~, lo que supone que su población se había triplicado en aproximadamente unos 50 años. La cifra en número de habitantes es ahora de 828, lo que frente a los 450 de La Puebla, o los 135 de Palomares, la convierten en el núcleo más poblado de entre sus vecinos.<br />
Pero este resurgir de la población no iba a continuar mucho tiempo. La tendencia hacia el crecimiento va a sufrir duros reveses a fines del siglo XV, y sobre todo en los primeros años del siglo XVI. Se inicia entonces un período crítico en el que se suceden años de fuertes sequías con otros de intensas lluvias que provocan el desbordamiento del Guadalquivir y el arrasamiento de los cultivos de la zona. A esto, ya de por sí bastante negativo para el desarrollo poblacional, se va a unir la aparición de graves brotes de epidemia de peste en los años 1507 y 1520-22, lo que provocará una disminución en los efectivos humanos de esta localidad. De hecho, está perfecta mente constatado la disminución del número de habitantes de Coria del Rio. Con todo, la capacidad de recuperación de la villa es sorprendente. Ya en 1534, Coria del Río consigue alcanzar de nuevo un nivel de población que sobrepasa los 800 habitantes, aunque aún sufre los efectos de la crisis. Un documento de la época es sumamente expresivo: los habitantes de Coria declaran en 1534 que en los últimos 20 años han visto disminuir sus haciendas y morir muchos de sus ganados.</p>
<p><strong>Economía</strong></p>
<p>.La población de Coria del Río vive básicamente de la agricultura. Una agricultura que tiene en el olivar y el cereal sus principales bases. Sin embargo, los vecinos de la villa no tienen control alguno sobre estas tierras de cultivo. La inmensa mayoría de las mismas pertenecen a la aristocracia sevillana, quien emplea a los habitantes del lugar como jornaleros, o para ser más exactos con la definición de la época, como braceros, que trabajan estas grandes propiedades. En el mejor de los casos estos grandes propietarios arriendan parte de sus tierras a estos lu- gareños a cambio de una renta anual; pero no es este el sistema de explotación más frecuente.<br />
A pesar de esto que hemos dicho, no debemos considerar a la totalidad de los vecinos de Coria del Río como simples jornaleros. Una gran mayoría de ellos son pequeños propietarios, concretamente más del 40% de la Población de Coria era propietaria de tierras, eso sí de muy pequeñas parcelas. En la inmensa mayoría de los casos se trata de terrazgos dedicados al cultivo de la vid, con una extensión media de aproximadamente una aranzada -poco menos de media hectárea—. Unos minifundios que dificilmente podrían ofrecer a un propietario el nivel económico necesario para el mantenimiento de una familia, por lo que vamos a ver a estos campesinos mini- fundistas contratándose como temporeros en las grandes fincas, ya sea para arar los olivares o segar el cereal, e incluso sus mujeres e hijas trabajando en la recogida de la aceituna. Se conseguia así el complemento económico indispensable para la subsistencia familiar.<br />
Realmente la economía de la zona está totalmente dominada por los grandes propietarios sevillanos, y una muestra de ello lo tenemos en las características de la propiedad de los cultivos de la huerta, sin duda fundamentales en la producción agrícola de la zona. En el siglo XV eran famosos por su calidad los productos procedentes de las huertas de Coria del Rio y La Puebla; productos hortícolas que se cultivaban en parcelas llamadas en los documentos «playas de fruta y arboleda», y de los que se suelen mencionar, por su excelente calidad, los melones. Pues bien, estas parcelas de huerta no son propiedad de vecinos lugareños. De hecho a fines del siglo XV, sólo tres vecinos de Coria poseen huerta propia, el resto pertenece a sevillanos que las arriendan a campesinos locales por períodos de 3, 4 ó 6 años.<br />
A pesar de todo esto que hemos dicho ,la población de Coria del Río no estaba compuesta por desarraigados, ni por una mayoría de personas sin ningún tipo de bien económico. El vecino medio de la villa cuenta, por lo general, con posibilidades económicas gracias a la cría de ganado. Como dijimos anteriormente, el hecho de ser considerada la villa como «guarda y collación» de Sevilla, le proporciona a sus vecinos el poder utilizar los buenos pastos marismeños, por lo que no es de extrañar que se encuentre con cierta frecuencia a lugareños que no poseen tierras pero en cambio son propietarios de ganado en proporciones nada despreciables. Un ejemplo claro nos lo da un vecino de Coria en los últimos años del siglo XV, que si bien no tiene ninguna parcela de tierra propia, posee 26 cabezas de ganado vacuno, 10 de caballar y 300 de porcino. Toda una cabaña ganadera que facilita a este hombre lo que puede considerarse en esta época un auténtico lujo, poseer dos esclavas.<br />
Pero también Ia villa de Coria, como la totalidad de los restantes núcleos aljarafeños, tiene un nutrido grupo de vecinos pobres. En momentos de crisis, por ejemplo en las décadas primeras del siglo XVI, el 35% de la población se declara pobre, y en los recuentos periódicos de la población de la villa se les encabeza así:<br />
«Estos son los braceros que se hallan vivir e morar e ser vecinos del lugar de Coria, e que non tienen bienes algunos que declaran&gt;.<br />
Por supuesto que la actividad económica de los vecinos de Coria del Rio abarcaba un ámbito más amplio que el que se circunscribe a la agricultura y la ganadería. En Coria, la pesca en el río era no sólo frecuente sino también el trabajo exclusivo de no pocas familias de la villa. Asimismo, destaca en este lugar lo que en la época se llama «el trato de fazer tinajas». Es muy frecuente encontrar entre los oficios de los vecinos del lugar, denominaciones como la de «ollero», «tinajero», «tejero», etc. Todos ellos relacionados con el trabajo del barro cocido, muy desarrollado gracias a la calidad de los «barreros» de la zona, y que aún hoy se hace patente en el propio paisaje del término plagado de antiguas construcciones de hornos. De hecho, son Coria del Rio y La Puebla, junto con Triana, los centros que abastecen en la Baja Edad Media al mercado sevillano de productos para la construcción como las tejas y ladrillos.</p>
<p><strong>Organización interna.</p>
<p></strong>Coria del Río, como lugar del alfoz sevillano, depende de la ciudad, pero no por ello deja de tener un gobierno local que entiende de las cuestiones que afectan a asuntos internos. Este gobierno local está representado por un grupo de personas que, vecinos de Coria, compo- nen lo que llamaba el concejo, y que podríamos identificar con el actual Ayuntamiento. El concejo lo formaban una serie de funcionarios que atendían según el campo de sus competencias los asuntos de gobierno en sus más variadas facetas. Las principales e figuras de este gobierno local son:<br />
-Los alcaldes ordinarios. Son dos y se ocupan de la d e administración de la justicia. Actúan conjuntamente, de forma colegiada, y entienden y juzgan los pleitos surgidos entre los vecinos, aplicando las sentencias y penas corres pondientes.<br />
-El alguacil. Encargado de la aplicación práctica de las sentencias. Es lo que podríamos considerar como el brazo ejecutor de la justicia.<br />
- El mayordomo. Su misión es la de administrar la Tesorería del concejo, llevar las cuentas, realizar pagos y cobrar las multas<br />
.- Los regidores. Componen un grupo, variable en número, que tenía como misión ocuparse de aquello que le encargase el concejo, es decir no tenían misión específica .En las reuniones del concejo era oída su voz y tenido en cuenta su voto.<br />
La forma de obtención de los cargos de gobierno era normalmente la elección popular, aunque una vez efec tuada ésta, se precisaba la aprobación de Sevilla para qu los nuevos miembros del concejo pudieran hacer efectiva su función. Elegibles eran únicamente los vecinos de la villa, es decir aquéllos que tuviesen residencia permanente en Coria del Río. La duración de los cargos era anual. Se elegían siempre el día de San Juan de Junio y, por 1o general, salvo el caso del alguacil que precisaba por su tipo de trabajo de una persona joven, el resto de las funciones de gobierno recaían en los elegidos según el orden de aparición que el azar proporcionaba al extraer los nombres de los afortunados de un sombrero o bonete.<br />
Junto a estos funcionarios aparecen otros miembro del concejo que podríamos llamar cargos menores:<br />
- El escribano del concejo. Hombre letrado que debía estar presente en todos los actos oficiales y levantar acta de los mismos. Era una especie de notario oficial del gobierno local.<br />
- El pregonero. Figura indispensable en esta época para la divulgación de las órdenes emanadas del seno del concejo. Su labor se realizaba en la plaza mayor y por las calles de la localidad.<br />
- Por último, tendríamos que hacer mención a los llamados «guardas del concejo». Se trata de un grupo de gentes contratadas por el gobierno local para realizar la vigilancia de los campos del término, tanto de las tierras cultivadas, impidiendo los daños que podían causar en ellas las personas o los animales, como las tierras de pas to, realizando en este caso un control de la utilización de las mismas por los ganados que tenían derecho a ello.<br />
Por encima de todos estos funcionarios locales se encuentra una especie de delegado del gobierno de Sevilla, que, con el titulo de «Alcalde de la tierra», visitaba anualmente las localidades del alfoz y recogía las quejas de los vecinos sobre la actuación del gobierno local; asi mismo revisaba las cuentas del mayordomo. No parece que existiese en Coria del Rio un edificio concreto donde se celebrasen las reuniones de gobierno. Estas llamadas reuniones de cabildo consistían, en palabras de la época, en el acto por el que se juntaban o «ayuntaban» los miembros del concejo, y en el que se discutían las cuestiones surgidas en el seno de la comunidad local. Por lo general, estas reuniones se llevaban a cabo en los pórticos de las Iglesias o en la plaza pública. Sólo a fines del siglo XV se inicia en Coria del Rio la construcción de un edificio para el cabildo; edificio que casi 15 años después, en 1510, aún no se había concluido.</p>
<p>Coria del Río vive en la Edad Media dos etapas históricas diferentes: la musulmana y Ia cristiana. Esta segun da, fundamental para su futuro, se inicia a mediados del siglo XIII, a la par que lo hace la ciudad de Sevilla y la comarca en la que se inserta, el Aljarafe.<br />
Repoblada por catalanes, va a sufrir los factores negativos que prevalecen en la segunda mitad del siglo XIII y durante todo el crítico siglo XIV. Con todo, Coria va a tener en el último siglo medieval, el XV, un período de franca expansión. Su población crecerá, y lo hará de tal forma que aparezca en la ribera como un núcleo de cierta importancia; prácticamente la puerta, junto con La Puebla, del tramo del rio controlado por Sevilla, y por lo tan to participando de la gloria y potencia económica —aunque esto último muy indirectamente— que tendrá esta ciudad en el siglo XVI, momento en que Sevilla apa rece como uno de los más grandes puertos internaciona les europeos.</span></span></span></span><br />
</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span><span><span style="color: #000000;"><span style="color: #0033cc;"><strong><span style="color: #000000;">MERCEDES BORRERO FERNÁNDEZ</span></strong><span style="color: #000000;">.<em> Hacia una comprensión de la Coria medieval</em></span>. </span><span><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #000000;">Coria del Río <span>APROXIMACIÓN A SU REALIDAD GEOHISTÓRICA</span>.1987.</span></span></span></span></span></span></p>
</div>
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		<title>Orígenes</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 18:52:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Origenes]]></category>

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		<description><![CDATA[Introducción. La vida de Coria como ciudad no empieza sino hasta el final de los tiempos prehistóricos, cuando una serie de comunidades humanas que habitaban el Valle del Guadalquivir y sus áreas periféricas alcanzan el suficiente grado de desarrollo cultural como para permitirles el establecimiento sedentario en un punto concreto. Pero antes de ese nacimiento<a href="http://www.coriadelrio.com/origenes"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><strong>Introducción.</strong></div>
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<div style="text-align: justify;">
<div>La vida de Coria como ciudad no empieza sino hasta el final de los tiempos prehistóricos, cuando una serie de comunidades humanas que habitaban el Valle del Guadalquivir y sus áreas periféricas alcanzan el suficiente grado de desarrollo cultural como para permitirles el establecimiento sedentario en un punto concreto. Pero antes de ese nacimiento fueron necesarios muchos miles de años para alcanzar el nivel económico y social que permitiera sembrar la semilla de ¡a futura ciudad. A uno y otro períodos vamos a dedicar el presente capítulo, siempre con las lógicas cortapisas que impone un trabajo que habla de épocas excesivamente lejanas para quedar en el recuerdo de ¡os que hoy viven y que cuenta con una pobre documentación al respecto.<span id="more-113"></span></div>
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<p><span>Las investigaciones históricas sobre los tiempos más remotos de Coria y sus inmediatos alrededores prácticamente no han hecho más que iniciarse, con una primera aportación basada en datos dispersos procedentes de hallazgos arqueológicos sueltos y en algunas breves excavaciones antiguas de los profesores Machado y Engel. Recientemente ha visto la luz además una recapitulación de los testimonios pertenecientes a las fases más antiguas de la Prehistoria del Bajo Guadalquivir. Este estudio, llevado a cabo por E. Vallespí y una serie de colaboradores, ha revelado la gran antigüedad del poblamiento humano en la zona, y ha abierto el camino a futuras investigaciones metódicas sobre el tema.</span></p>
</div>
<div><span><strong><em>Vaso oriental importado a Coria desde las costas siropalestinas. Siglos VIII-VII a. d. C.<br />
Jarra de cerámica de procedencia oriental. Una de las importaciones más antiguas de la Peninsula Ibérica. Posiblemente sirvío de urna cineraria.</em></strong></span></div>
<div>
<p><span>Nosotros mismos pudimos participar en su elaboración recopilando directamente la información en aquellos sitios donde ésta se nos ofrecía con cierta claridad. A su vez, el recuento pormenorizado de las antiguas poblaciones situadas al borde del río nos permitió en otra ocasión profundizar en los posibles orígenes de la actual ciudad y las causas que los motivaron. Por último, recientemente se han llevado a cabo excavaciones metódicas en la necrópolis romana situada junto a la subida al Cerro de San Juan, trabajos realizados por el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, pero sus resultados permanecen inéditos hasta ahora.<br />
Con todos estos datos, y con algunos complementarios aportados por hallazgos casuales y publicados parcialmente en la bibliografía que al final citamos no es posible hacer hoy más que una aproximación a lo que fueron los primeros momentos históricos de Coria, por lo que no debe buscar en estas lineas afirmaciones concluyentes, sino una apor$ción a lo que pudo ser la vida de las más antiguas comunidades humanas que habitaron estas tierras y, en todo caso, reflexiones sobre los problemas que esos remotos tiempos plantean para el que quiere acercarse a su conocimiento</span></p>
<p><span><strong>Antes de Caura.</strong></span></p>
<p><span>No existen testimonios que permitan remontar la antigüedad del núcleo urbano más allá de la Edad del Bronce, o a lo sumo al Calcolítico, pero las actividades humanas en sus alrededores datan de fechas que pueden llevarse quizás a un millón de años antes. Como las costumbres de estos primeros habitantes no exigían la existencia de poblaciones o ciudades propiamente dichas, es preciso tener claro, para indagar en sus formas de vida, que el concepto de término municipal es algo muy reciente, con el que no contaban los más antiguos pobladores. De ahí que, para una exacta valoración de esta historia más remota, podamos contar con restos arqueológicos que hoy situaríamos en territorios pertenecientes a localidades periféricas.<br />
</span><span>A la vez que el resto de Andalucía occidental, en esta comarca el poblamiento humano se inicia con grupos de gentes que tal vez tengan una procedencia africana. La ciencia prehistórica puede demostrar ya que el origen de Humanidad hay que buscarlo en las viejas sabanas del extremo oriental de África. Desde allí, bandas de cazado-res-recolectores iniciarían un lento proceso evolutivo que les llevé a diferenciarse cada vez más de sus inmediatos antepasados y a ocupar paulatinamente otras regiones colaterales. Es este movimiento el que conduce hacia el Norte a comunidades que se desplazan hasta el Magreb por un lado y hacia Asia Menor por otro, siendo el grupo norteafricano el que, en momentos aún poco claros para los investigadores, va a dar el salto a la Península Ibérica, atravesando el Estrecho de Gibraltar, entonces ya formado, en condiciones y por medios también desconocidos. Es posible que hace aproximadamente un millón de anos, cuando parece que hay que datar este verdadero acontecimiento histórico, las características de la lengua de mar que separaba Afirma de la Península Ibérica permitieran la existencia de pasos fácilmente franqueabais~ pero fuesen o no así las circunstancias de esta travesía, lo cierto es que a partir de entonces se asistiría en el territorio hispánico a la inauguración de su ocupación humana, que es a su vez tal vez la primera de Europa Occidental.<br />
</span><span>Una vez en tierras ibéricas, los grupos de hombres que se asentaron sobre el nuevo país se distribuyeron primeramente por las zonas más bajas de los valles fluviales y en latitudes próximas a las costas. Así se poblaron el Guadalquivir, el Guadiana, el Tajo, caminos en definitiva de una posterior penetración hacia enclaves más altos y hacia la Meseta. De este paso, los alrededores de Coria han dado muestras suficientes. En realidad, en todo el Sur del Aljarafe han quedado las huellas que dejaron sus primeros habitantes.<br />
Las distintas actividades económicas de estas gentes exigían la existencia de sencillos instrumentos fabricados con diversas materias. Lógicamente, el tiempo ha consumido aquellos útiles hechos en materiales perecederos, como el cuero, la madera, el hueso, las fibras vegetales,las pieles, etc.; pero nos ha dejado los más duros y resistentes a las adversidades del clima, los de piedra. En Casa Nieves, en la Dehesa de Abajo, en la Cañada de la Barca, en Cuatro Caminos, en Cestero, en Las Cascajeras, en la Dehesa de Coria, en Lugar Nuevo, en La Corchuela, etc., se pueden encontrar esos artefactos de piedra, fabricados por lo general en las abundantes y buenas cuarcitas de la comarca, que jalonan a ambos lados del río los muchos puntos donde esos primeros pobladores llevaron a cabo algunas de sus actividades diarias.<br />
</span><span>Los prehistoriadores distan aún de tener un conocimiento pleno y exacto de la vida que llevaron estos grupos. Parece que en principio no conocieron el uso del fuego, pero un enclave granadino ha puesto de relieve que éste se va a utilizar casi inmediatamente, en el estadio cultural que se conoce con el nombre de Achelense. Por otra parte, aunque la red fluvial de hace un millón de años era en estas latitudes en parte diferente a la actual, la predilección por asentamientos cercanos a los cauces de los ríos sugiere que éstos eran utilizados como fuente principal de recursos. Por un lado proporcionaban agua abundante y productos de pesca, por otro una vegetación marginal susceptible de explotación, yen tercer lugar servían de abrevadero a las manadas de animales salvajes de la zona, con lo que ofrecían al hombre un lugar de fácil y abundante caza.<br />
</span><span>Entre la gama de utensilios hallados en los muchos yacimientos de estas fechas aún no se han localizado elementos que pudieran servir de armas arrojadizas, ya fueran puntas de flecha o de lanza De ahí que haya que pensar en sistemas venatorios basados en trampas con fosas, redes o cualquier otro elemento. Tal vez se utilizaran palos aguzados y endurecidos al fuego, como de hecho<br />
han aparecido en la Meseta española en enclaves sólo algo más tardíos que los del Guadalquivir o en parte contemporáneos, pero aquí carecemos de datos en tal sentido. Sin embargo, el instrumental de piedra registrado habla de actividades como el descuartizado de animales, el trabajo de la madera y el curtido de pieles, sin que puedan descartarse otras funciones aún más específicas.<br />
Respecto a otros aspectos de la vida de estos cazadores-recolectores sabemos menos aún, porque es difícil recomponer todo un abanico de actividades diarias que no dejaron huellas materiales. A pesar de lo cual, estudios comparativos con pueblos primitivos actuales que usan parecidos instrumentos de piedra sugieren que tal vez aquellos primeros pobladores de estas tierras se agruparon en bandas relativamente poco numerosas de individuos dedicados principalmente a la tarea de buscar alimentos, sin que por esa razón haya que suponerles una vida repleta de penalidades y desgracias, como muchas veces han intentado sostener trabajos poco objetivos. En este sentido, es posible atribuirles incluso una vida espiritual incipientemente desarrollada.<br />
</span><span>Como hemos señalado antes, los principales documentos que poseemos en los alrededores de Coria para conocer a estas primeras comunidades humanas son útiles de piedra. En el Valle del Guadalquivir, y especialmente en estas comarcas inferiores, abundan los cantos rodados de cuarcita sobre otros materiales líticos. En estas piezas el hombre talló sus primeros cuchillos a base de varios golpes con los que obtenía filos cortantes trabajando los guigarros por una o por ambas caras (fig. 1).De las lascas extraídas podía a su vez seleccionar las más aptas para otros tipos de herramientas destinadas a raspar pieles, cortar carne, trabajar la madera y el hueso, etc. Todo este conjunto de piezas compone así un repertorio de artefactos relativamente variado que aparece en abundancia en los sitios en que los paquetes de gravas afloraban a la superficie del terreno. Esta asociación permite pensar que los lugares donde hoy se encuentran fueron áreas de taller en las que tales instrumentos se fabricaban; pero tampoco puede descartarse que esos toscos utensilios se tallaran cada vez que hicieran falta y en el lugar más próximo a donde surgiera dicha necesidad, por lo que no debe extrañar una posible identificación entre talleres y cazaderos. Así, en el hecho de que se realizaban, usaban y tiraban de inmediato, quedaría explicada en parte la extraordinaria abundancia de útiles repartidos por doquier y las pocas huellas de uso continuado que con frecuencia presentan.</span></p>
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<p><span>Los prehistoriadores distan aún mucho de saber con precisión a qué época o épocas deben atribuirse estas industrias de guigarros tallados. Recientes excavaciones en un yacimiento de estas características, situado en El Puerto de Santa María, han puesto de manifiesto la dificultad de asignarles una fecha concreta, porque los tipos de útiles aparecidos pudieron pervivir a nivel regional o comarcal en determinadas áreas, dando un aspecto de vieja cultura a lo que sólo eran fenómenos concretos de arcaísmo. De ahí que en la actualidad se defienda la posibilidad de que la «Cultura de los Cantos Trabajados», como se denomina a este complejo, llene en el Bajo Guadalquivir las lagunas de poblamiento que hasta ahora se observaban durante los tiempos paleolíticos de la fase media y aún de otras más recientes.<br />
</span><span>Sea o no válida esta interpretación para explicar el desarrollo del Paleolítico Superior en Andalucía occidental, lo cierto es que hasta la fecha nada ha aparecido, ni en cuevas ni en asentamientos al aire libre, que sea similar a la cultura que paralelamente se desarrollé por ejemplo en la cornisa cantábrica, y que produjo todo el arte pictórico representado en Altamira y otros enclaves contemporáneos. Lo más cercano a nuestra comarca que coincide con aquellos otros núcleos del Norte se localiza en la orilla mediterránea de Málaga, con especial predicamento en la Cueva de la Pileta (Benaoján) y su arte parietal. Y aún asi, éste muestra las suficientes discrepancias con el de la zona franco-cantábrica como para otorgarle la categoría de escuela propia, que va a suponer tal vez en Andalucía el germen de la posterior evolución diferencial de sus culturas prehistóricas.Tanto en Portugal como en determinadas zonas de la costa mediterránea andaluza. los últimos tiempos del Paleolítico conocen una especialización de los grupos humanos que las habitaban en actividades marisqueras concentradas en las desembocaduras de los ríos, así como una misma comarca. Estas características van a producir el nacimiento de los cocheros portugueses, pero en el Bajo Guadalquivir éstos se desconocen hasta el presente. Ciertos útiles elaborados también en cantos rodados de cuarcita han llevado a la sospecha de que pervivan aún en estos momentos, en tornoal 6.000 &#8211; 5.000 a. C., grupos que fabricaran utensilios parecidos a los de otras culturas epilaleoliticas del Litoral cantábrico o de la fachada atlántica portuguesa.<br />
</span><span>Pero a partir de estas etapas va a surgir una transformación paulatina de las sociedades prehistóricas, lo que conocemos como fenómeno neolítico. Se basa éste sobre todo en la transformación de la economía, pasándose de la caza y de la recolección de elementos vegetales silvestres a la ganadería y a la agricultura respectivamente. Este cambio pudo ser en determinados aspectos autóctonos, pero la pronta introducción en las zonas montañosas periféricas al Guadalquivir de la oveja y la cabra domésticas y del trigo y la cebada cultivados, cuyos precedentes salvajes sólo crecían espontáneamente en el Próximo Oriente, demuestra que varios de los elementos básicos de esa evolución son fundamentalmente extrapeninsulares, ya venidos directamente por mar, ya a través de éste con intermediarios en el Norte de Africa.<br />
</span><span>Investigaciones recientes en cuevas de la Sierra Norte sevillana y de las montañas de Cádiz por parte de los profesores Acosta y Pellicer, de la Universidad de Sevilla, han puesto al descubierto asentamientos neolíticos que, fechados en el sexto milenio a. C., son los más antiguos de la Península Ibérica. Hasta hace poco esos enclaves se creían exclusivos de las zonas montañosas, pero restos de esa misma o similar fecha hallados en Lucena del Puerto y Almonte (Huelva) y en Trebujena y Chipiona (Cádiz), van acercando cada vez más los puntos conocidos hacia las orillas del Guadalquivir y de su antiguo estuario. De todas formas, este Neolítico pertenece a pueblos agrícolas y ganaderos que no frecuentaron excesivamente las már­genes de los ríos caudalosos, por lo que resultaría difícil encontrar sus huellas en Coria y sus inmediaciones. En cambio, en el cuarto milenio a. C., y sobre todo en su segunda mitad, gentes de economía básicamente pastoril y con un fuerte complemento pesquero y cazador, van a ocupar las orillas de muchos de los grandes ríos de Andalucía occidental, Portugal y Extremadura, remontando algunos de estos cauces hasta su curso alto y penetrando a través de sus afluentes. Son estos nuevos grupos los que realmente van a introducir la economía de producción en las proximidades de Coria, y a ellos dedicaremos un apartado más completo.</span></p>
<p><span>De un tiempo a esta parte se está empezando a definir un complejo cultural conocido desde hace afios en el cuadrante suroccidental de la Península Ibérica pero no siempre valorado en su conjunto. Se trata de una cultura que tiene sus lugares de asentamiento a los pies de las grandes corrientes fluviales o incluso en el borde de zonas de marismas. Papa Uvas, uno de estos puntos situados junto a Huelva, demuestra que entre sus fuentes principales de recursos se encontraban los moluscos. Los Castillejos de Montefrio, ahora en la provincia de Granada, sugiere asimismo un pastoreo importante a base de rebaños de bóvidos, ovejas y cabras, así como un desconocimiento del cerdo. El yacimiento de este tipo más cercano a Coria se localiza en La Marismilla, cerca de la Venta del Cruce, en Puebla del Río, donde las últimas excavaciones llevadas a cabo han descubierto los restos de unas actividades económicas tal vez relacionadas con el antiguo lago que ocupaba lo que hoy son Las Marismas.</span></p>
<p><span>La importancia de todas estas estaciones arqueológicas recién citadas estriba en que dan a conocer una cultura poco parecida a la que contemporáneamente, y desde el sexto milenio a. C., venía desarrollándose en Andalucía occidental. El yacimiento de La Marismilla ofrece un repertorio de formas de ceramica extraordinariamente parecido al de otras culturas contemporáneas del Mediterráneo oriental. A ello hay que unir el hecho de que también las coincidencias en el terreno de los instrumentos de piedra usados sea bastante alta, así como la semejanza entre ciertas técnicas de tratamiento y decoración de los recipientes de barro.<br />
Por todas estas razones se pueden defender dos posturas para el origen de los grupos humanos que introdujeron esta nueva cultura. Una apoyaría una ascendencia autóctona a partir de las comunidades neolíticas que habitaban las sierras, obligadas a bajar hacia el llano por una hipotética presión demográfica y alentadas en parte por una teórica benignidad del clima. Otra sostendría una procedencia extranjera basándose en que rara vez los elementos de la nueva cultura tuvieron precedentes en los complejos culturales de agricultores y ganaderos locales. Ambas posiciones están aún por demostrar, pero lo que sí está claro es el conjunto de profundos cambios que ese fenómeno de neolitización tardía va a producir, que se traduce en definitiva en la siembra de una distribución de poblaciones y en el consiguiente nacimiento de una serie de núcleos habitados que van a originar en parte el esquema del reparto actual de pueblos y ciudades, dando a su vez lugar al período que los prehistoriadores conocen con el nombre de Calcolitico o Edad del Cobre.</span></p>
<p><span><strong>Caura preurbana</strong></span></p>
<p><span>Así llegamos al tercer milenio a. C. y tal vez a los origenes de Coria como núcleo de población estable. Se elige para primer asentamiento el Cerro de San Juan, porque sus características de proximidad al río y de lugar elevado le otorgaron siempre las peculiaridades necesa jar definitivamente en los siguientes períodos históricos.</span></p>
<p><span>Los datos más antiguos que poseemos de la primitiva Coria proceden de hallazgos fortuitos y de excavaciones carentes del método riguroso que hoy exigen los trabajos arqueológicos. De ahí que proporcionen una pobre infor­mación sobre la época a la que pertenecen y sobre su valoración cultural. Varias hachas de piedra pulimentada y dos pequeños cuchillos de sílex, conservados estos últimos en el Museo de Historia Natural de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sevilla, así como una punta de flecha de cobre hallada a orillas del rio al Sur del casco urbano, revelan que los primeros pobladores del Cerro de San Juan tal vez fueran calcolíticos, gentes que vinieron hacia el tercer milenio a. C. y comienzos del segundo (fig. 3).</span></p>
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<p><span>A falta de otros datos referidos a las características particulares de este núcleo primitivo, como serían sus cabañas, enterramientos, costumbres y usos económicos, etc., sólo es posible de momento hacer una valoración global de lo que suponía este enclave de población en el contexto que ocupaba.<br />
Sin duda alguna Coria nace, como otros muchos asentamientos de La Ribera, al calor de la gran capitalidad calcolítica de la comarca: Valencina. Las excavaciones practicadas en este último pueblo han sacado a la luz los vestigios de una extensa población y de su correspondiente necrópolis, con todos los datos que una meticulosa investigación puede hoy aportar sobre las costumbres, alimentación, religiosidad y economía de las sociedades prehistóricas. Valencina dominaba, desde su posición en las alturas aljarafeñas, la ruta que a sus pies discurria por la depresión de Gerena, y que ponía en comunicación el Guadalquivir con la zona minera de Aznalcóllar y con el foco metalúrgico de Ríotinto. A su vez, las fértiles campiñas situadas hoy al Oeste de Santiponce le sirvieron de auténtico granero, mientras que el interior del Aljarafe era explotado como zona de pastos para el ganado, de caza y de recolección de alimentos vegetales silvestres.</span></p>
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<p><span>A Valencina se accedía por el Sur a través de dos rutas, la cuenca del Guadiamar y el cauce del Guadalquivir. Si la primera, sin duda menos importante, tenía en Ia antigua Olontigi (Aznalcázar), una de sus escalas principales, la segunda era dominada por Coria, enclave que marcaba el punto de entrada desde el mar interior que hoy es la ma risma hacia el antiguo estuario del Guadalquivir. Por esta razón creemos que Coria pudo surgir en función del río y de la ruta fluvial que éste suponía, por ser ésta la vía de penetración tanto hacia Valencina como hacia otras comarcas más adentradas en el valle.</span></p>
<p><span>Los antropólogos han estudiado bien una serie de pueblos primitivos actuales cuya vida y organización social puede parecerse bastante a las de estas primeras comunidades sedentarias aljarafeñas. La estructuración de la sociedad en tribus, quizá la que corresponda a este estadio cultural que supone el Calcolítico en el Bajo Guadalquivir, exige, si no una auténtica capital, sí al menos un lugar desde el que se suele ejercer el poder. Y ese sitio hay que identificarlo en el tercer milenio a. C., y para la zona que nos ocupa, con Valencina. En torno suyo surgieron focos satélites más pequeños cuyos restos nos han quedado en La Algaba, en Ia propia Sevilla, en Ia Universidad Laboral, en los estratos más profundos del Carambolo, en Coria, en Ia Torre de los Herberos y en Puebla del Río, por citar sólo aquellos puntos que estuvieron más vinculados a Coria. Esos núcleos menores pudieron ser tanto pequeñas explotaciones agrícolas como asentamientos temporales de pastores o de gentes dedicadas a la pesca. Aunque las tumbas megalíticas de Valencina no demuestran necesariamente una alta jerarquización social, política o militar de los grupos humanos, parece que ya en esta época hay que ver cierto predominio de este poblado sólo al comprobar la inexistencia de enterramientos tan espectaculares en los demás enclaves señalados y el menor tamaño de estas otras poblaciones. Dada la presencia de un gran número de pequeños idolos encontrados en Valencina frente a la total ausencia en los restantes asentamientos, tampoco parece descabellado situar en esa altura la capitalidad religiosa de la comarca, relativamente alejada e independiente de otro gran foco que hay que colocar en torno a Lebrija. Hoy sabemos que los habitantes de la Valencina pre histórica consumieron trigo y cebada entre otros productos agrícolas, pues los molinos de piedra halladós hablan de la transformación en harinas de los cereales, cultivos introducidos ya en fases anteriores. Más directa es la información sobre los alimentos de origen animal, porque sus restos óseos quedaron hasta hoy sepultados entre las ruinas de las cabañas. Si la vida de los primeros habitantes de Coria fue semejante a la que llevaban los de Valencina y nada permite suponer lo contrario tenemos que pensar en un consumo relativamente frecuente de cerdos, ovejas, cabras y vacas, al que hay que sumar el de productos de la caza, principalmente conejos, y en menor abundancia aves, jabalíes y ciervos. En Coria habría que hacer especial mención a la pesca por su proximidad al río. No está constatada la domesticación del caballo nil a del asno, así como tampoco la de aves de corral.<br />
El reducido grupo humano que habitara en Coria durante estos momentos, en concreto en el Cerro de San Juan, practicaría una religión que conocemos a través de las figurillas de Valencina y de otros lugares, imágenes esquemáticas unas veces y más naturalistas en otras ocasiones que hacen referencia a cultos astrales con frecuencia personificados en representaciones humanas o en abstracciones de animales</span></p>
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<p><span>Pero toda esta unidad cultural y organización social calcolítica, que englobó en cierta medida bajo un com portamiento homogéneo a ia comarca de La Ribera, va a desaparecer durante el segundo milenio a. C. Todavía no se han dado razones concluyentes que expliquen el enorme vacío de población atestiguado en gran parte del Bajo Guadalquivir a partir del 1800 a. C. aproximadamente, y que duraría, con sus lógicos altibajos, mil años más o menos. Pero lo cierto es que ese despoblamiento relativo es fácil de constatar cuando se lleva a cabo el recuento de los sitios habitados durante la nueva fase (plena Edad de Bronce) frente a los registrados para las épocas inmediatamente anteriores y posteriores. Además, los pocos enclaves conocidos hasta Ia fecha revelan la coexistencia de tradiciones culturales distintas, con posibilidades de una pervivencia en determinados focos locales de la herencia calcolítica anterior frente a núcleos de gentes vinculadas al grupo cultural de las cistas de Huelva y Portugal o a la civilización de El Argar, culturas que al mismo tiempo se venían desarrollando al Oeste y al Este del Bajo Guadalquivir respectivamente. En Coria se documentan muy pocos restos de este momento, pues su pequeño núcleo de población tal vez se vio afectado por la referida crisis general. Que sepa- mos, sólo algún pequeño fragmento de cerámica proce- dente del Cerro de San Juan pueden ir, y aún con dudas, a estas fechas de mediados del segundo milenio a. C., ya que su bruñido, color y forma sugieren tal cronología. Es posible, no obstante, que los pequeños cuchillos de sílex a que antes aludimos (flg. 3) pertenezcan a esta fase de Ia Edad del Bronce, y no a los tiempos calcolíticos anterio res, porque su tamaño, relativamente pequeño en comparación con las piezas más frecuentes en el Calcolítico, habla de esta posibilidad mejor que de aquella otra.<br />
Algún día, y mediante excavaciones arqueológicas metódicas, Coria podrá ofrecer una buena guía de lo que por estas comarcas sucedió durante el segundo milenio a. C., <span style="color: #000000;">porque su posición estratégica en la antigua desembocadura del Guadalquivir permite suponerla siempre con un mínimo núcleo de población a pesar del retroceso demográfico de la época. Tal vez esas futuras investigaciones no hagan más que demostrar que la zona era un punto de confluencia de tres tradiciones culturales diferentes que convergían en el Bajo Guadalquivir desde áreas de origen distintas: la argárica desde el Este, la meseteña desde el Norte, donde se estaba empezando a desarrollar Ia cultura de Cogotas, y la del mundo de las cistas desde Huelva. No faltan de hecho eslabones en cada uno de los sentidos, pues esas influencias se han documentado ya en los alrededores de Lebrija, de Lora del Río y de Sanlúcar la Mayor respectivamente, estrechando así un circulo cada vez más próximo al lugar que aquí nos interesa.</span><br />
<span style="color: #000000;">La amalgana de todos estos componentes, unida a la herencia de rasgos culturales y bases demográficas ante riores, tal vez sea uno de los principales factores que van a dar lugar al mundo tartésico propiamente dicho. A su vez, esta fecunda síntesis pudo estar potenciada por un auge demográfico que se manifiesta ahora en el naci miento de nuevos asentamientos humanos en abundancia a lo largo de unos tres siglos (X, IX y VIII a. C.), fenóme- no que pudo obedecer en parte a la benignidad del clima, porque precisamente fue el empeoramiento de éste la única razón aducida hasta ahora por los investigadores para explicar el despoblamiento parcial que sufriera la región a lo largo del segundo milenio a. C.</span><br />
<span style="color: #000000;">Con la nueva fase, que los prehistoriadores han dividido en dos subperiodos fundamentalmente (Tartessos precolonial y Epoca Orientalizante), Coria va a alcanzar Ia madurez urbana propiamente dicha. La ruptura de la unidad calcolítica de La Ribera a partir de los inicios del segundo milenio a. C., con el consiguiente desmembramiento de la organización económica y sociopolitica que tenía como cabeza rectora a Valencina y como enclaves supeditados a este poblado otros muchos puntos de sus alrededores, permitió a Coria adoptar un nuevo sistema organizativo basado en una mayor igualdad respecto a las poblaciones cercanas. La nueva situación cuaja en época tartésica sin perjuicio de la existencia de una ciudad rectora que coordinara todo el territorio y que fuera sede del monarca. De estos otros tiempos Coria cuenta con restos en abundancia que merecen un análisis más detenido en el siguiente apartado.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Caura tartésica</strong></span></span></p>
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<span><span style="color: #000000;">El Cerro de San Juan ha entregado numerosos vestigios de los momentos tartésicos, tanto de su fase anterior a la colonización semita, lo que los prehistoriadores lla man «Bronce Final», como de la etapa contemporánea a Ia presencia en la Península Ibérica de estos colonos orientales, conocida como «Período Orientalizante». Cronológicamente esta época se desarrolla aproximada mente entre los años 1000 y 500 a. C., y tiene como bisagra que vertebra las dos etapas antes aludidas el 750 </span><span><span style="color: #000000;">Los documentos más significativos del momento tartésico en Coria se concentran en el mismo núcleo de población actual, con un foco en el Cerro de San Juan, donde residía Ia ciudad propiamente dicha, y otro u otros en sus inmediatos alrededores, lugares ocupados por las necrópolis. Casi todos ellos se refieren a Ia cultura material de sus pobladores, porque Ia falta de excavaciones metódicas ha impedido contar con otras fuentes de conocimiento que nos hablen de su economía, alimentación, costumbres religiosas, urbanismo, etc. De ahí que todo este otro grupo de cuestiones deba conocerse de momento muy indirectamente, sólo a través de las semejanzas con puntos cercanos investigados, como El Carambolo en Camas o el Cerro Macareno en San José de Ia</span><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #333333;">Rinconada</span>.</span></span> <span style="color: #000000;">más o menos.</span></span><br />
<span><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #000000;">La más antiguas cerámicas de Ia nueva cultura aparecidas en Coria corresponden a tipos bien documentados en yacimientos del Bajo Guadalquivir y de Huelva como correspondientes en parte al Bronce Final. Se trata de recipientes hechos a mano, es decir, sin utilización aún del torno de alfarero, y luego bruñidos o alisados en sus superficies. Parte de ellos se decora con una temática pintada que desarrolla motivos geométricos a base de líneas, rectángulos, aspas, triángulos, etc.. Otro grupo más reciente lo componen principalmente vasos orientales, producto del comercio de importación. Una de esas vasijas procede al parecer de Ia zona de necrópolis (figs. 5 y 6). Estas piezas se fechan en torno a los siglos VIII y VII a. C., y presentan una decoración bícroma propia de las cerámicas siropalestinas y chipriotas a torno de Ia época. La mayor es a su vez una de los recipientes importados más antiguos de ia Península Ibérica, existiendo otros parecidos en Ullastret (Gerona) y en La Joya (Huelva), ambos posiblemente algo más reciente que el de Coria.<br />
El impacto que las nuevas técnicas alfareras producirían en el Bajo Guadalquivir condujo a Ia elaboración de una serie propia conocida como «cerámicas figurativas orientalizantes», en cuya formación jugó en parte un papel importante el mundo grecochipriota, ya que muchos de los motivos representados en esas grandes vasijas no se conocían en las cerámicas fenicias, aunque si en los objetos de marfil y quizás también en los tejidos.</span></span></span></p>
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<p><span><span style="color: #333333;">El grupo tartésico ha dado piezas espectaculares en muchos yaci mientos ribereños y de la campiña. Desgraciadamente los hallados en Coria están excesivamente fragmentados, lo que impide reconocer los temas que se pintaron, pero no dejan de reflejar en cualquier caso <span style="color: #000000;">Ia vinculación de Ia población tartésica de esta ciudad al panorama orientalizante más puro del Bajo Guadalquivir. Esa mis ma característica puede desprenderse del broche de cinturón de bronce encontrado entre los frecuentes resto que constantemente proporciona el Cerro de San Juan.<br />
En definitiva, toda esta cultura material nos habla de una población fuertemente enraizada en las modas de la época, así como de una inserción importante en el comercio internacional del momento.<br />
La vinculación a las directrices de la nueva etapa nose manifiesta exclusivamente en el repertorio de los objetos puramente utilitarios, sino que trasciende también otras facetas de la vida diaria y aún a las creencias religiosas, incluidas aquí las costumbres funerarias. Respecto a estas últimas, sospechamos hoy que en la fase tartésica precoloníal se practicaron ritos mortuorios que no deja ron huellas arqueológicas, tal vez porque respondían una incineración del difunto con posterior dispersión de sus cenizas, como de hecho se constata aún hoy en pue bios de vieja raigambre indoeuropea. En el Guadalquivir y en muchos otros ríos se han encontrado con frecuencia armas de bronce que corresponden siempre a esta época. Como el hallazgo de armamento suele ser casi exclusivo de los ajuares sepulcrales durante todos los tiempos prehistóricos y protohistóricos, cabe preguntarse si no podríamos estar ante los restos de esos ritos funerarios hallar las armas de Ia Edad del Bronce en las aguas y faltar las tumbas en la tierra paralelamente. Dicho ritual consistiría en una hipotética aspersión por el río de las cenizas del difunto acompañadas de sus correspondientes ofrendas. A estas alturas del Guadalquivir, en las prox midades de Coria y Puebla del Río, ha aparecido una punta de lanza de bronce del tipo usado durante e época, y que responde a Ia misma clase de las halladas abundancia en la Ría de Huelva. Este testimonio de pertenecer sin duda a ia antigua población tartésica Coria.<br />
Transcurrido algún tiempo, y como producto del pacto colonial de los pueblos orientales venidos de Chipre y de las costas siropalestinas, se introducirían en este contexto indígena unos nuevos usos mortuorios, según los cuales las cenizas de los incinerados se colocan ahora en la tierra, sea o no bajo túmulo funerario. Tal aculturación se produce quizás sin eliminación por completo de la anterior, por lo que aquella supuesta aspersión fluvial de los restos crematorios pudo seguir coexistiendo con las nuevas normas hasta tiempos mucho más avanzados. De todas formas, el testimonio más claro de que la moda re cién iimpuesta por la colonización oriental tuvo sus partidarios en Coria es la jarra de cerámica hallada en Ia necrópolis de esta época, situada tal vez en el cerro inmediatamente al Norte del de San Juan, donde esta vasija pudo ejercer Ia función de urna cineraria o recipiente de ofrendas (fig. 6).<br />
A partir de los restos constructivos desenterrados en El Carambolo y en otros asentamientos próximos, debemos imaginar a Ia Coria del Bronce Final formada por cabañas de tendencia circular u oblonga, lo que conviene al marco indoeuropeo del momento y al sustrato tartésico precolonial; mientras que durante la fase siguiente se impondrían los muros rectilíneos propios del mundo oriental fenicio. Este último sistema desembocaría en un urbanismo más organizado, con la consiguiente estructuración de la ciudad en calles y plazas trazadas a cordel, siempre desde luego dentro del reducido perímetro que imponían las dimensiones de la parte alta del Cerro de San Juan.<br />
La fama que alcanzaron los bueyes del rey Gerión, nombre tal vez en parte mitico con el que se conoció en Ia Antigúedad a uno de los principales monarcas tartésícos, no puede quedar ya relegada a la leyenda o a Ia pobre información transmitida por los textos escritos del mundo grecorromano. Hoy sabemos por varias excavaciones que los rebaños de vacas de Ia Baja Andalucía, tan abundantes todavía en la periferia de Coria, fueron uno e de los soportes más sólidos de la economía tartésica. Así lo demuestran Setefilla, El Carambolo, El Macareno y el a Berrueco de Medina Sidonia, lugares donde se han podido identificar los restos de comida de esos grupos humanos; y nada hace pensar en una alimentación diferente para las gentes de Coria.<br />
El segundo lugar en el abastecimiento de productos animales lo ocupaban las ovejas y las cabras. Y sobre toda esta base, que conoce además desde épocas antiquísimas la domesticación del perro, vendrán nuevos aportes la Ia cabaña ganadera gracias al contacto con los fenicios. Serán esos animales principalmente determinadas aves de corral, sobre todo la gallina.<br />
Aparte de Ia ganadería, Ia población prehistórica de Coria vivió de Ia agricultura cerealista, cuyos productos se transformaban en harinas con los molinos hallados entre sus ruinas. Estas piezas para la trituración del grano revelan además unas relaciones comerciales con comunidades humanas próximas, porque unas están hechas de granito traído de Gerena y otras de piedra ostionera del litoral gaditano. Aunque está por demostrar que el interior del Aljarafe, a las espaldas de Coria, empezara ya a plantarse de olivos, sabemos que este árbol fue introducido por los fenicios a la vez que el granado y tal vez la higuera. No hay que descartar de todas formas que el fruto de los acebuches fuera explotado antes de las colonizaciones orientales para la obtención de aceite o como producto de mesa.<br />
En definitiva, todo este panorama refleja una sociedad bien organizada a través de unas estructuras sociopolítícas y de unos vínculos comerciales estrechos. El conoci miento de estas facetas de Tartessos es cada vez más profundo para los investigadores, pero restan aún muchos otros aspectos que permanecen oscuros. Así, apenas se sabe nada de la religión de época precolonial, porque no existen imágenes de dioses, o por lo menos éstas no se han encontrado. Mejor conocida es en cambio la fase orientalizante, porque a partir de ella se introducen nuevas divinidades y toda una mitología a la que nos acercan tanto las propias figurillas de broce de la Astarté del Carambolo, o las de Melgart recién halladas en Cádiz, con los mismos textos escritos de las antiguas civilizaciones orientales.<br />
La estabilidad creada por Tartessos pudo basarse, en lo que se refiere a los aspectos puramente económicos, en tres pilares fundamentales: las actividades agropecuarias, el comercio y la metalurgia. Respecto a este último punto, no parece que Coria jugara un papel significativo por su situación geográfica alejada de las cuencas mineras, y sobre el primero hemos insistido suficientemente. En el comercio, en cambio, nuestra población debió ejercer un control fundamental. Cada vez está más claro que, antes de que los fenicios se asomaran a las costas andaluzas, los navegantes tartesios se habían adentrado en el Atlántico tanto en dirección sur, por las costas occidentales de Africa, como norte, con frecuentes contactos en este segundo caso con toda la fachada oeste peninsular al menos. Por el Mediterráneo parece probable una llegada hasta Cerdeña, posibilidad señalada por las fuentes escritas y cada vez más corroborada por la arqueología. Sin duda Coria desempeñó un papel significativo en estas navegaciones. Aunque es imposible saber si participaron o no en ellas sus propios marineros, en cambio del mismo emplazamiento de la ciudad, dominando desde una altura la entrada hacia el territorio tartésico del Valle del Guadalquivir y el fondo de la gran bahía que ocupaba las actuales Marismas, puede deducirse que ejerció un control efectivo del comercio naval como puerta entre el Atlántico y el Guadalquivir. Y fue esta posición privilegiada la que le permitió perpetuar su vida durante la fase inmediatamente posterior, es decir, la turdetana.</span></span></span></p>
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<p><span><span><span style="color: #333333;"><span style="color: #000000;"><strong>Caura turdetana</strong></p>
<p>La segunda Edad del Hierro o período ibérico se inicia en Andalucía occidental a raíz de una grave crisis: la muerte de Tartessos. Frecuentemente se ha señalado que en este final de Ia civilización tartésica influyeron causas internacionales del momento, aludiéndose a la batalla de Alalia o a la caída de Ia gran metrópolis fenicia, Tiro, bajo Ia doninación asiria. A estas razones se han añadido otras más locales, como el agotamiento de ciertas posibi lidades mineras en el foco de Riotinto y la consiguiente crisis metalúrgica. Pero pocas veces se ha explicado por qué desaparecen al final del siglo VI a. C. tantos poblados que no serian habitados jamás o sólo después de varios siglos. Cuando se observa sobre un mapa de Ia Baja Andalucía dónde se situaban muchos de aquellos núcleos arruinados se llega a Ia conclusión de que eran puntos en zonas de campiña que habían vivido casi exclusivamente de actividades agropecuarias. Y es entonces cuando hay que sospechar que, a todas las razones antes señaladas para explicar la crisis, deben añadirse otras tal vez de carácter climático que trastocaran las producciones normales agrícolas y ganaderas de Ia región. Porque, cuando se analizan las poblaciones que pudieron solventar tales problemas, siempre éstas se sitúan al pie del Guadalquivir, arteria fluvial que les permitió afrontar el período crítico con cierto desahogo al proporcionarles unos apoyos económicos con los que no contaron las ciudades de Ia campiña: el comercio y la pesca.<br />
En estas dos actividades hay que ver, pues, los pilares fundamentales de Ia Caura turdetana, es decir, la base económica de la ciudad durante los cuatrocientos años aproximadamente que van desde la caída de Tartessos hasta el inicio efectivo de la Romanización. No quiere esto decir que se abandonaran otros sectores de Ia economía, en concreto los de la ganadería y Ia agricultura, pero</span><span style="color: #000000;"> estos segundos fueron propios de otros muchos enclaves, mientras que en Cona alcanzaron tal vez especial relevancia aquellos dos primeramente señalados, el mercantil y el pesquero, ambos aspectos por lo demás caracteristicos de Ia población hasta la actualidad, o al menos hasta que los puertos fluviales de cada uno de los pueblos ribereños han sido sacrificados en aras de la potenciación exclusiva del sevillano.<br />
Aunque escasos, existen en realidad datos que apoyan estas conjeturas. Por una parte, las numerosas cerámicas pintadas ibéricas procedentes del Cerro de San Juan ha blan de que el lugar continuó habitado durante esta nueva etapa. Por otro lado, las actividades pesqueras quedaron bien reflejadas en las amonedaciones de Caura del final del período ibérico, en las que se coloca, como símbolo de la ciudad y aludiendo a uno de los pilares económicos de la misma, un sábalo. La existencia de una ceca local, que coincide con la etapa de tránsito entre el mundo turdetano y la dominación romana, refleja asi mismo la importancia de las actividades de mercado en Coria. Aquí llegaron por ejemplo monedas de la antigua llipa, hoy Alcalá del Río, mientras que las de Coria se han localizado en ciudades cercanas como la de Orippo, en Ia Torre de los Herberos (Dos Hermanas).<br />
De Coria proceden, además, algunos fragmentos de cerámicas griegas del siglo y comienzos del IV a. C. de los que se infieren unas relaciones comerciales a gran escala con el Mediterráneo oriental. Por otra parte, no faltan ánforas para el transporte de mercancías que el yacimiento cercano del Cerro Macareno fecha en los mismos siglos y que también se han documentado recientemente en almacenes de Corinto.<br />
A pesar de toda esta información, Ia Caura inmediatamente prerromana nos es desconocida casi por completo, porque faltan excavaciones metódicas que permitan reconstruir sus estructura urbana, todavía limitada desde luego al perímetro del Cerro de San Juan. Tampoco existen datos sobre la necrópolis de esta época, aunque esta laguna es propia de todos los yacimientos turdetanos si exceptuamos contadas tumbas de Carmona, Setefilla o Utrera que en realidad pueden corresponder a una contaminación de la costumbre indígena por parte de rituales mortuorios romanos, y en los que las incineraciones se colocan en urnas de cerámica pintadas al estilo ibérico andaluz. Esta ausencia de sepulturas puede deberse a que las normas funerarias respondieran a ritos que, como en el Bronce Final, tampoco dejasen huellas arqueológicas, recuperando tal vez tradiciones no perdidas del todo durante la etapa tartésíca orientalizante.<br />
Ahora no parece que existiera en Andalucía occidental una estructura política organizada al estilo de la monarquía tartésica, de la que conocemos reyes en parte legendarios que responden a los nombres de Habis, Gerión y Argantonios. El desmembramiento de ese poder central condujo a la acentuación en nuestra comarca de unas rivalidades locales que, de forma incipiente, se habían insinuado ya en el momento inmediatamente anterior, y que en la época ibérica van a conocer cierto apogeo. Cuando se profundiza en el desarrollo histórico de los enclaves humanos nacidos en las orillas del Bajo Guadalquivir a raíz del auge demográfico tartésico, se observa que muchos de los sitios originados durante el Bronce Final o poco después quedan abandonados en época turdetana en favor del desarrollo de poblados vecinos. Así ocurre en Itálica, donde un punto habitado junto al anfiteatro romano desaparece al trasladarse la población ibérica al actual Santiponce. En El Carambolo observamos algo parecido respecto a San Juan de Aznalfarache, la iberromana Ossez. En Coria esa rivalidad se establece lógicamente con Puebla del Río, cuyo núcleo originario de población, de antigua fundación calcolitica y que conoce cierta vida en estos momentos, quedaría sacrificado durante mucho tiempo frente al auge de Coria, que lo relega a un estado casi latente hasta bien entrada la Edad Media. Las razones que imponen el triunfo de unos poblados y el fracaso de otros parecen estar únicamente en su posición respecto al rio. Si observamos el mapa de distribución de asentamientos iberromanos de carácter urbano en La Ribera y Ia reconstrucción probable del antiguo cauce fluvial , puede demostrarse que la causa de que despeguen unos determinados núcleos es simplemente el hecho de ocupar puntos altos resguardados de las inundaciones y a su vez situados a orillas del Guadalquivir. Por esta razón, cada vez que uno de los meandros de éste tocaba los cerros más o menos pronunciados de una y otra orillas. permitía el nacimiento de una importante ciudad. Ese esquema se ha transmitido hasta nuestros días sin apenas transformación durante las siguientes etapas históricas.<br />
Coria se situaba precisamente en el último cerro del Aljarafe tocado por el Guadalquivir. porque, a partir de aquí, el rio discurría aguas abajo hacia el sureste, despegándose de los cerros de La Puebla, para adentrarse en el lago Ligustino, es decir, en las actuales Marismas.<br />
La rivalidad de núcleos poblados se estableció principalmente con los vecinos de Ia misma orilla, porque cada población era el punto de embarque de los próductos que salían por ella a través del rio desde las tierras que dominaba, o bien el lugar de entrada de las importaciones. Por esta causa no suponían en principio competencia alguna los asentamientos de Ia otra margen, sino todo lo contrario, ya que ofrecían un complementé necesario en el sistema de comunicaciones. Así, puede establecerse una correspondencia casi exacta entre un lugar poblado en una ribera y el correspondiente en Ia opuesta. Indudablemente, Ia compañera de Coria en este caso fue Orippo. ciudad situada en Ia actual Torre de los Herberos y que concentraba en su puerto fluvial, frente a Caura, los productos procedentes de toda Ia comarca hoy ocupada por los dominios de Dos Hermanas y Bellavista, así como los de la parte norte de Los Palacios. Desde el lado contrario del río, Coria ejercía Ia misma función respecto a gran parte de las tierras del extremo suroriental del Aljarafe.<br />
Esta es la situación que consol ida Ia segunda Edad del Hierro y la que va a encontrar Ia nueva dueña de Ia situación: Roma.</span></span></span></span></p>
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<p><span><span><span>Culturalmente, la dominación romana de la Bética se presenta como una etapa marcada de continuidad. Pero cuando se analizan<span style="color: #000000;">situaciones particulares de algunas ciudades se observan ciertos cambios dignos de subrayar. Creemos que en Coria estas transformaciones afectan sustancialmente a su estructura urbana, en concreto con el inicio de un traslado del casco de población desde la parte alta del Cerro de San Juan hacia su emplazamiento actual. El cruce que forman hoy las calles Méndez Núñez- Pérez Tinao, por un lado, con Cervantes, por otro, y Ia consiguiente subdivisión reticulada de sus correspondientes paralelas, parece hacer alusión a una planificación del urbanismo local en época romana. La salida hacia el Norte de Ia calle Cervantes conducía a la ruta terrestre que por todo el flanco oriental del Aljarafe unía las ciudades ribereñas de la margen derecha del Guadalquivir, mientras que hacia el Sur llevaba hacia otros pequeños enclaves romanos del borde meridional de esta comarca hasta llegar a Aznalcázar. La principal arteria transversal seguia una dirección Este-Oeste, y ponía en comunicación Ia zona portuaria de Coria con el interior aljafareño. Es posible también, aunque faltan todavía datos concluyentes, que empezara paralelamente una utilización secundaria de la antigua acrópolis. No se puede descartar el uso de ese sector alto como lugar defensivo, porque Plinio, autor del s. 1 d. C., cita a Caura como oppidum, es decir, como lugar fuerte, prominente y de fácil defensa, al pie del Betis. Esta función como área reservada a determinados servicios explicaría la escasez de testimonios romanos de época imperial en el perímetro del Cerro de San Juan y la utilización como necrópolis de sus faldas meridional y occidental. De la primera parece proceder la inscripción funeraria conservada en la ermita del Cristo de la Vera Cruz, y en la segunda se hallaron varias tumbas tardías próximas a Ia confluencia de Ia bajada oeste del cerro con la calle Cervantes.<br />
Este último grupo de sepulturas, unido al que hace años apareciera en el solar del antiguo almacén de aceitunas, forman en conjunto la principal necrópolis romana de Coria hallada hasta la fecha. Como obligaba la ley latina, el cementerio se colocó fuera del perímetro propiamente dicho de la ciudad, en concreto en su salida norte. Los estudios llevados a cabo hasta la fecha, inéditos unos y referidos a hallazgos casuales otros, impiden hacer todavía una valoración sobre los momentos precisos de su desarrollo, y más aún intentar cualquier estudio demográfico.<br />
A partir del siglo 1 d. C., y sobre todo en torno a su segunda mitad, la Bética conoce un poblamiento generalizado del medio rural. Si Ia explotación del campo circun- dante se había llevado a cabo anteriormente desde los propios centros urbanos, con el consiguiente desconocimiento por lo general de un poblamiento disperso, a partir de ahora se tiende a crear pequefios focos relativamente distantes de las ciudades que, cumpliendo la misma función que los cortijos y caseríos rurales de hoy, facilitaban el cultivo de los campos y la cría de los ganados. Son las villae romanas.<br />
De todos estos pequeños asentamientos están ausentes las cerámicas campanienses propias del período romano republicano, y en cambio aparece en abundancia la llamada terra sigillata, sobre todo las formas de recipientes que se inician a partir del reinado de Claudio, a mediados del siglo 1 d. C. Muchas de estas vasijas pudieron estar fabricadas en la Galia, desde donde se exportarían a otras zonas del Imperio.<br />
En los alrededores de Coria este fenómeno de poblamiento rural queda patente a través del nacimiento de muchas villae, aparentemente sin orden alguno en su reparto, cuya distribución obedece en realidad a la existencia de una red de comunicaciones casi siempre conservada hasta la actualidad. La ocupación es más antigua en las tierras más fértiles, mientras que los enclaves más tardíos se ven obligados a establecerse sobre los suelos más pobres. Los sitios hoy conocidos corresponden a los actuales topónimos de Villa Asunción, Buenavista, Pozo Blanco, El Carramolo, El Capitán y La Reguela en el borde oriental del Aljarafe, mientras que en la otra margen del río destacan Los Calerones, La Corchuela y varios puntos en Ia Dehesa de Coria. Todos estos caseríos romanos son fácilmente detectables por la abundancia en ellos de materiales de construcción, principalmente grandes ladillos y tejas planas que responden a los modelos típicos de la época. Pero ninguno se ha excavado por ahora, por lo que desconocemos su función específica, si estaban más dedicados a la agricultura que a Ia ganadería, si tuvieron además molinos de harina o de aceite como de hecho demuestran otras villas recién excavadas en Alcalá de Guadaira por ejemplo, o si fueron incluso meros puntos de parada en los caminos junto a los que se asentaron. En lineas generales cabe suponerles un papel primordial en la producción de los tres pilares básicos de Ia economía agraria romana de Ia zona: la vid, el olivo y los cereales de invierno.<br />
De la orilla derecha del Guadalquivir, y en concreto de muy cerca de Coria, procede un fragmento de ánfora correspondiente a los modelos más usados entonces para el transporte del aceite. La Roma imperial importó ingentes cantidades de estos recipientes cargados del preciado liquido de la Bética; y algún día, cuando puedan identificarse las marcas de tales ánforas en los alrededores de Coria, estaremos en condiciones de saber si de su puerto fluvial salieron o no barcos que transportaran ese producto hasta la capital del Imperio.<br />
En síntesis, la Caura romana hay que verla como uno de los focos principales de romanización del Sur del Aljarafe, tarea que compartía con Aznalcázar. Desde Ia ciudad se controlaba todo el poblamiento disperso de sus alrededores, y en ella se concentraban los productos del campo para comercializarlos por el río tanto en mercados regionales como extranjeros. A su vez ejercía como eslabón entre la administración romana y parte de los territorios conquistados del Bajo Guadalquivir, canalizando los</span><span style="color: #0000ff;"> <span style="color: #000000;">tributos con los que la comarca contribuía al erario público romano.<br />
La ínscripción funeraria hallada en Ia propia Coria revela un dominio de Ia lengua latina entre sus pobladores, y a su vez hace alusión a un cargo religioso, el de sacerdotisa, propio de los nuevos cultos introducidos por Roma en detrimento de los antiguos ritos y creencias iberopúnicos.<br />
Pero si a las fases republicana y altoimperial romanas podemos acercarnos con relativa facilidad gracias a toda la documentación antes analizada, a partir del Bajo Imperio entramos en un período verdaderamente oscuro. Tal vez algunos de los enterramientos por inhumación hallados en los cementerios citados correspondan a estos tiempos tardíos por su carencia total de ajuares funerarios, lo que revelaría la continuidad de la población hasta enlazar la Caura romana con la visigoda y la altomedieval. De todas formas, se nota una total ausencia por otra parte de testimonios que nos hablen de esas nuevas etapas. En momentos tardorromanos debe colocarse la introducción del Cristianismo en la zona, probablemente teniendo a Coria como uno de los muchos focos de entrada, pero todo lo que puede afirmarse al respecto son meras hipótesis.<br />
El cambio de religión en la Antiguedad tardía, unido al desmembramiento de las estructuras sociopolíticas y económicas que habían hecho posible la existencia del Imperio Romano, son en realidad el punto de arranque de una serie de transformaciones que van a dar lugar al nacimiento de Ia ciudad medieval, estudiaba en otío capitulo. A lo largo de éste hemos tenido ocasión de contrastar, a través de una información todavía pobre, pero que augura un futuro conocimiento más profundo, cuáles fueron las características principales de Coria durante los tiempos prehistóricos y durante la Antiguedad.<br />
A modo de síntesis sobre estas dos etapas, puede afirmarse que ya desde su origen hay que ver en el primitivo núcleo de población el resultado de unas constantes históricas propias de la región donde nace nuestra ciudad. De ahí que hayamos intentado en cada periodo instalar a sus habitantes en las circunstancias que les tocó vivir, alejándonos de hacer un análisis histórico excesivamente localista, que por lo demás creemos incorrecto.<br />
Precisamente el situar a Coria en el contexto de cada época y el hacer una breve valoración de su posición geográfica respecto al río y al territorio circundante, permite observar características de poblamiento y problemas históricos que permanecen hasta la actualidad. Sus actividades pesqueras, conservadas todavía hoy en alguna proporción, no son más que la reliquia de una herencia prehistórica. La rivalidad con pueblos vecinos, que se manifiesta aún incluso en aspectos puramente folklóricos, tiene a su vez unas raíces que penetran hasta los tiempos tartésicos al menos, además de unas razones claramente vinculadas a competencias económicas, en concreto al control del comercio fluvial.<br />
El acercamiento a todos esos fenómenos, intentado en estas breves lineas, debe ser el punto de partida para su comprensión, a la vez que Ia toma de conciencia de unas situación histórica que está en la base de la solución de muchos problemas actuales. </span></span></span></span></span></p>
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<p><span>La vida de Coria como ciudad no empieza sino hasta el final de los tiempos prehistóricos, cuando una serie de comunidades humanas que habitaban el Valle del Guadalquivir y sus áreas periféricas alcanzan el suficiente grado de desarrollo cultural como para permitirles el establecimiento sedentario en un punto concreto. Pero antes de ese nacimiento fueron necesarios muchos miles de años para alcanzar el nivel económico y social que permitiera sembrar la semilla de ¡a futura ciudad. A uno y otro períodos vamos a dedicar el presente capítulo, siempre con las lógicas cortapisas que impone un trabajo que habla de épocas excesivamente lejanas para quedar en el recuerdo de ¡os que hoy viven y que cuenta con una pobre documentación al respecto.<br />
Las investigaciones históricas sobre los tiempos más remotos de Coria y sus inmediatos alrededores prácticamente no han hecho más que iniciarse, con una primera aportación basada en datos dispersos procedentes de hallazgos arqueológicos sueltos y en algunas breves excavaciones antiguas de los profesores Machado y Engel. Recientemente ha visto la luz además una recapitulación de los testimonios pertenecientes a las fases más antiguas de la Prehistoria del Bajo Guadalquivir. Este estudio, llevado a cabo por E. Vallespí y una serie de colaboradores, ha revelado la gran antigüedad del poblamiento humano en la zona, y ha abierto el camino a futuras investigaciones metódicas sobre el tema.</span></p>
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<div style="text-align: justify;"><span><strong><em>Vaso oriental importado a Coria desde las costas siropalestinas. Siglos VIII-VII a. d. C.<br />
Jarra de cerámica de procedencia oriental. Una de las importaciones más antiguas de la Peninsula Ibérica. Posiblemente sirvío de urna cineraria.</em></strong></span></div>
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<p><span>Nosotros mismos pudimos participar en su elaboración recopilando directamente la información en aquellos sitios donde ésta se nos ofrecía con cierta claridad. A su vez, el recuento pormenorizado de las antiguas poblaciones situadas al borde del río nos permitió en otra ocasión profundizar en los posibles orígenes de la actual ciudad y las causas que los motivaron. Por último, recientemente se han llevado a cabo excavaciones metódicas en la necrópolis romana situada junto a la subida al Cerro de San Juan, trabajos realizados por el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, pero sus resultados permanecen inéditos hasta ahora.<br />
Con todos estos datos, y con algunos complementarios aportados por hallazgos casuales y publicados parcialmente en la bibliografía que al final citamos no es posible hacer hoy más que una aproximación a lo que fueron los primeros momentos históricos de Coria, por lo que no debe buscar en estas lineas afirmaciones concluyentes, sino una apor$ción a lo que pudo ser la vida de las más antiguas comunidades humanas que habitaron estas tierras y, en todo caso, reflexiones sobre los problemas que esos remotos tiempos plantean para el que quiere acercarse a su conocimiento</span></p>
<p><span><strong>Antes de Caura.</strong></span></p>
<p><span>No existen testimonios que permitan remontar la antigüedad del núcleo urbano más allá de la Edad del Bronce, o a lo sumo al Calcolítico, pero las actividades humanas en sus alrededores datan de fechas que pueden llevarse quizás a un millón de años antes. Como las costumbres de estos primeros habitantes no exigían la existencia de poblaciones o ciudades propiamente dichas, es preciso tener claro, para indagar en sus formas de vida, que el concepto de término municipal es algo muy reciente, con el que no contaban los más antiguos pobladores. De ahí que, para una exacta valoración de esta historia más remota, podamos contar con restos arqueológicos que hoy situaríamos en territorios pertenecientes a localidades periféricas.<br />
</span><span>A la vez que el resto de Andalucía occidental, en esta comarca el poblamiento humano se inicia con grupos de gentes que tal vez tengan una procedencia africana. La ciencia prehistórica puede demostrar ya que el origen de Humanidad hay que buscarlo en las viejas sabanas del extremo oriental de África. Desde allí, bandas de cazado-res-recolectores iniciarían un lento proceso evolutivo que les llevé a diferenciarse cada vez más de sus inmediatos antepasados y a ocupar paulatinamente otras regiones colaterales. Es este movimiento el que conduce hacia el Norte a comunidades que se desplazan hasta el Magreb por un lado y hacia Asia Menor por otro, siendo el grupo norteafricano el que, en momentos aún poco claros para los investigadores, va a dar el salto a la Península Ibérica, atravesando el Estrecho de Gibraltar, entonces ya formado, en condiciones y por medios también desconocidos. Es posible que hace aproximadamente un millón de anos, cuando parece que hay que datar este verdadero acontecimiento histórico, las características de la lengua de mar que separaba Afirma de la Península Ibérica permitieran la existencia de pasos fácilmente franqueabais~ pero fuesen o no así las circunstancias de esta travesía, lo cierto es que a partir de entonces se asistiría en el territorio hispánico a la inauguración de su ocupación humana, que es a su vez tal vez la primera de Europa Occidental.<br />
</span><span>Una vez en tierras ibéricas, los grupos de hombres que se asentaron sobre el nuevo país se distribuyeron primeramente por las zonas más bajas de los valles fluviales y en latitudes próximas a las costas. Así se poblaron el Guadalquivir, el Guadiana, el Tajo, caminos en definitiva de una posterior penetración hacia enclaves más altos y hacia la Meseta. De este paso, los alrededores de Coria han dado muestras suficientes. En realidad, en todo el Sur del Aljarafe han quedado las huellas que dejaron sus primeros habitantes.<br />
Las distintas actividades económicas de estas gentes exigían la existencia de sencillos instrumentos fabricados con diversas materias. Lógicamente, el tiempo ha consumido aquellos útiles hechos en materiales perecederos, como el cuero, la madera, el hueso, las fibras vegetales,las pieles, etc.; pero nos ha dejado los más duros y resistentes a las adversidades del clima, los de piedra. En Casa Nieves, en la Dehesa de Abajo, en la Cañada de la Barca, en Cuatro Caminos, en Cestero, en Las Cascajeras, en la Dehesa de Coria, en Lugar Nuevo, en La Corchuela, etc., se pueden encontrar esos artefactos de piedra, fabricados por lo general en las abundantes y buenas cuarcitas de la comarca, que jalonan a ambos lados del río los muchos puntos donde esos primeros pobladores llevaron a cabo algunas de sus actividades diarias.<br />
</span><span>Los prehistoriadores distan aún de tener un conocimiento pleno y exacto de la vida que llevaron estos grupos. Parece que en principio no conocieron el uso del fuego, pero un enclave granadino ha puesto de relieve que éste se va a utilizar casi inmediatamente, en el estadio cultural que se conoce con el nombre de Achelense. Por otra parte, aunque la red fluvial de hace un millón de años era en estas latitudes en parte diferente a la actual, la predilección por asentamientos cercanos a los cauces de los ríos sugiere que éstos eran utilizados como fuente principal de recursos. Por un lado proporcionaban agua abundante y productos de pesca, por otro una vegetación marginal susceptible de explotación, yen tercer lugar servían de abrevadero a las manadas de animales salvajes de la zona, con lo que ofrecían al hombre un lugar de fácil y abundante caza.<br />
</span><span>Entre la gama de utensilios hallados en los muchos yacimientos de estas fechas aún no se han localizado elementos que pudieran servir de armas arrojadizas, ya fueran puntas de flecha o de lanza De ahí que haya que pensar en sistemas venatorios basados en trampas con fosas, redes o cualquier otro elemento. Tal vez se utilizaran palos aguzados y endurecidos al fuego, como de hecho<br />
han aparecido en la Meseta española en enclaves sólo algo más tardíos que los del Guadalquivir o en parte contemporáneos, pero aquí carecemos de datos en tal sentido. Sin embargo, el instrumental de piedra registrado habla de actividades como el descuartizado de animales, el trabajo de la madera y el curtido de pieles, sin que puedan descartarse otras funciones aún más específicas.<br />
Respecto a otros aspectos de la vida de estos cazadores-recolectores sabemos menos aún, porque es difícil recomponer todo un abanico de actividades diarias que no dejaron huellas materiales. A pesar de lo cual, estudios comparativos con pueblos primitivos actuales que usan parecidos instrumentos de piedra sugieren que tal vez aquellos primeros pobladores de estas tierras se agruparon en bandas relativamente poco numerosas de individuos dedicados principalmente a la tarea de buscar alimentos, sin que por esa razón haya que suponerles una vida repleta de penalidades y desgracias, como muchas veces han intentado sostener trabajos poco objetivos. En este sentido, es posible atribuirles incluso una vida espiritual incipientemente desarrollada.<br />
</span><span>Como hemos señalado antes, los principales documentos que poseemos en los alrededores de Coria para conocer a estas primeras comunidades humanas son útiles de piedra. En el Valle del Guadalquivir, y especialmente en estas comarcas inferiores, abundan los cantos rodados de cuarcita sobre otros materiales líticos. En estas piezas el hombre talló sus primeros cuchillos a base de varios golpes con los que obtenía filos cortantes trabajando los guigarros por una o por ambas caras (fig. 1).De las lascas extraídas podía a su vez seleccionar las más aptas para otros tipos de herramientas destinadas a raspar pieles, cortar carne, trabajar la madera y el hueso, etc. Todo este conjunto de piezas compone así un repertorio de artefactos relativamente variado que aparece en abundancia en los sitios en que los paquetes de gravas afloraban a la superficie del terreno. Esta asociación permite pensar que los lugares donde hoy se encuentran fueron áreas de taller en las que tales instrumentos se fabricaban; pero tampoco puede descartarse que esos toscos utensilios se tallaran cada vez que hicieran falta y en el lugar más próximo a donde surgiera dicha necesidad, por lo que no debe extrañar una posible identificación entre talleres y cazaderos. Así, en el hecho de que se realizaban, usaban y tiraban de inmediato, quedaría explicada en parte la extraordinaria abundancia de útiles repartidos por doquier y las pocas huellas de uso continuado que con frecuencia presentan.</span></p>
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<p><span>Los prehistoriadores distan aún mucho de saber con precisión a qué época o épocas deben atribuirse estas industrias de guigarros tallados. Recientes excavaciones en un yacimiento de estas características, situado en El Puerto de Santa María, han puesto de manifiesto la dificultad de asignarles una fecha concreta, porque los tipos de útiles aparecidos pudieron pervivir a nivel regional o comarcal en determinadas áreas, dando un aspecto de vieja cultura a lo que sólo eran fenómenos concretos de arcaísmo. De ahí que en la actualidad se defienda la posibilidad de que la «Cultura de los Cantos Trabajados», como se denomina a este complejo, llene en el Bajo Guadalquivir las lagunas de poblamiento que hasta ahora se observaban durante los tiempos paleolíticos de la fase media y aún de otras más recientes.<br />
</span><span>Sea o no válida esta interpretación para explicar el desarrollo del Paleolítico Superior en Andalucía occidental, lo cierto es que hasta la fecha nada ha aparecido, ni en cuevas ni en asentamientos al aire libre, que sea similar a la cultura que paralelamente se desarrollé por ejemplo en la cornisa cantábrica, y que produjo todo el arte pictórico representado en Altamira y otros enclaves contemporáneos. Lo más cercano a nuestra comarca que coincide con aquellos otros núcleos del Norte se localiza en la orilla mediterránea de Málaga, con especial predicamento en la Cueva de la Pileta (Benaoján) y su arte parietal. Y aún asi, éste muestra las suficientes discrepancias con el de la zona franco-cantábrica como para otorgarle la categoría de escuela propia, que va a suponer tal vez en Andalucía el germen de la posterior evolución diferencial de sus culturas prehistóricas.Tanto en Portugal como en determinadas zonas de la costa mediterránea andaluza. los últimos tiempos del Paleolítico conocen una especialización de los grupos humanos que las habitaban en actividades marisqueras concentradas en las desembocaduras de los ríos, así como una misma comarca. Estas características van a producir el nacimiento de los cocheros portugueses, pero en el Bajo Guadalquivir éstos se desconocen hasta el presente. Ciertos útiles elaborados también en cantos rodados de cuarcita han llevado a la sospecha de que pervivan aún en estos momentos, en tornoal 6.000 &#8211; 5.000 a. C., grupos que fabricaran utensilios parecidos a los de otras culturas epilaleoliticas del Litoral cantábrico o de la fachada atlántica portuguesa.<br />
</span><span>Pero a partir de estas etapas va a surgir una transformación paulatina de las sociedades prehistóricas, lo que conocemos como fenómeno neolítico. Se basa éste sobre todo en la transformación de la economía, pasándose de la caza y de la recolección de elementos vegetales silvestres a la ganadería y a la agricultura respectivamente. Este cambio pudo ser en determinados aspectos autóctonos, pero la pronta introducción en las zonas montañosas periféricas al Guadalquivir de la oveja y la cabra domésticas y del trigo y la cebada cultivados, cuyos precedentes salvajes sólo crecían espontáneamente en el Próximo Oriente, demuestra que varios de los elementos básicos de esa evolución son fundamentalmente extrapeninsulares, ya venidos directamente por mar, ya a través de éste con intermediarios en el Norte de Africa.<br />
</span><span>Investigaciones recientes en cuevas de la Sierra Norte sevillana y de las montañas de Cádiz por parte de los profesores Acosta y Pellicer, de la Universidad de Sevilla, han puesto al descubierto asentamientos neolíticos que, fechados en el sexto milenio a. C., son los más antiguos de la Península Ibérica. Hasta hace poco esos enclaves se creían exclusivos de las zonas montañosas, pero restos de esa misma o similar fecha hallados en Lucena del Puerto y Almonte (Huelva) y en Trebujena y Chipiona (Cádiz), van acercando cada vez más los puntos conocidos hacia las orillas del Guadalquivir y de su antiguo estuario. De todas formas, este Neolítico pertenece a pueblos agrícolas y ganaderos que no frecuentaron excesivamente las már­genes de los ríos caudalosos, por lo que resultaría difícil encontrar sus huellas en Coria y sus inmediaciones. En cambio, en el cuarto milenio a. C., y sobre todo en su segunda mitad, gentes de economía básicamente pastoril y con un fuerte complemento pesquero y cazador, van a ocupar las orillas de muchos de los grandes ríos de Andalucía occidental, Portugal y Extremadura, remontando algunos de estos cauces hasta su curso alto y penetrando a través de sus afluentes. Son estos nuevos grupos los que realmente van a introducir la economía de producción en las proximidades de Coria, y a ellos dedicaremos un apartado más completo.</span></p>
<p><span>De un tiempo a esta parte se está empezando a definir un complejo cultural conocido desde hace afios en el cuadrante suroccidental de la Península Ibérica pero no siempre valorado en su conjunto. Se trata de una cultura que tiene sus lugares de asentamiento a los pies de las grandes corrientes fluviales o incluso en el borde de zonas de marismas. Papa Uvas, uno de estos puntos situados junto a Huelva, demuestra que entre sus fuentes principales de recursos se encontraban los moluscos. Los Castillejos de Montefrio, ahora en la provincia de Granada, sugiere asimismo un pastoreo importante a base de rebaños de bóvidos, ovejas y cabras, así como un desconocimiento del cerdo. El yacimiento de este tipo más cercano a Coria se localiza en La Marismilla, cerca de la Venta del Cruce, en Puebla del Río, donde las últimas excavaciones llevadas a cabo han descubierto los restos de unas actividades económicas tal vez relacionadas con el antiguo lago que ocupaba lo que hoy son Las Marismas.</span></p>
<p><span>La importancia de todas estas estaciones arqueológicas recién citadas estriba en que dan a conocer una cultura poco parecida a la que contemporáneamente, y desde el sexto milenio a. C., venía desarrollándose en Andalucía occidental. El yacimiento de La Marismilla ofrece un repertorio de formas de ceramica extraordinariamente parecido al de otras culturas contemporáneas del Mediterráneo oriental. A ello hay que unir el hecho de que también las coincidencias en el terreno de los instrumentos de piedra usados sea bastante alta, así como la semejanza entre ciertas técnicas de tratamiento y decoración de los recipientes de barro.<br />
Por todas estas razones se pueden defender dos posturas para el origen de los grupos humanos que introdujeron esta nueva cultura. Una apoyaría una ascendencia autóctona a partir de las comunidades neolíticas que habitaban las sierras, obligadas a bajar hacia el llano por una hipotética presión demográfica y alentadas en parte por una teórica benignidad del clima. Otra sostendría una procedencia extranjera basándose en que rara vez los elementos de la nueva cultura tuvieron precedentes en los complejos culturales de agricultores y ganaderos locales. Ambas posiciones están aún por demostrar, pero lo que sí está claro es el conjunto de profundos cambios que ese fenómeno de neolitización tardía va a producir, que se traduce en definitiva en la siembra de una distribución de poblaciones y en el consiguiente nacimiento de una serie de núcleos habitados que van a originar en parte el esquema del reparto actual de pueblos y ciudades, dando a su vez lugar al período que los prehistoriadores conocen con el nombre de Calcolitico o Edad del Cobre.</span></p>
<p><span><strong>Caura preurbana</strong></span></p>
<p><span>Así llegamos al tercer milenio a. C. y tal vez a los origenes de Coria como núcleo de población estable. Se elige para primer asentamiento el Cerro de San Juan, porque sus características de proximidad al río y de lugar elevado le otorgaron siempre las peculiaridades necesa jar definitivamente en los siguientes períodos históricos.</span></p>
<p><span>Los datos más antiguos que poseemos de la primitiva Coria proceden de hallazgos fortuitos y de excavaciones carentes del método riguroso que hoy exigen los trabajos arqueológicos. De ahí que proporcionen una pobre infor­mación sobre la época a la que pertenecen y sobre su valoración cultural. Varias hachas de piedra pulimentada y dos pequeños cuchillos de sílex, conservados estos últimos en el Museo de Historia Natural de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sevilla, así como una punta de flecha de cobre hallada a orillas del rio al Sur del casco urbano, revelan que los primeros pobladores del Cerro de San Juan tal vez fueran calcolíticos, gentes que vinieron hacia el tercer milenio a. C. y comienzos del segundo (fig. 3).</span></p>
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<p><span>A falta de otros datos referidos a las características particulares de este núcleo primitivo, como serían sus cabañas, enterramientos, costumbres y usos económicos, etc., sólo es posible de momento hacer una valoración global de lo que suponía este enclave de población en el contexto que ocupaba.<br />
Sin duda alguna Coria nace, como otros muchos asentamientos de La Ribera, al calor de la gran capitalidad calcolítica de la comarca: Valencina. Las excavaciones practicadas en este último pueblo han sacado a la luz los vestigios de una extensa población y de su correspondiente necrópolis, con todos los datos que una meticulosa investigación puede hoy aportar sobre las costumbres, alimentación, religiosidad y economía de las sociedades prehistóricas. Valencina dominaba, desde su posición en las alturas aljarafeñas, la ruta que a sus pies discurria por la depresión de Gerena, y que ponía en comunicación el Guadalquivir con la zona minera de Aznalcóllar y con el foco metalúrgico de Ríotinto. A su vez, las fértiles campiñas situadas hoy al Oeste de Santiponce le sirvieron de auténtico granero, mientras que el interior del Aljarafe era explotado como zona de pastos para el ganado, de caza y de recolección de alimentos vegetales silvestres.</span></p>
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<p><span>A Valencina se accedía por el Sur a través de dos rutas, la cuenca del Guadiamar y el cauce del Guadalquivir. Si la primera, sin duda menos importante, tenía en Ia antigua Olontigi (Aznalcázar), una de sus escalas principales, la segunda era dominada por Coria, enclave que marcaba el punto de entrada desde el mar interior que hoy es la ma risma hacia el antiguo estuario del Guadalquivir. Por esta razón creemos que Coria pudo surgir en función del río y de la ruta fluvial que éste suponía, por ser ésta la vía de penetración tanto hacia Valencina como hacia otras comarcas más adentradas en el valle.</span></p>
<p><span>Los antropólogos han estudiado bien una serie de pueblos primitivos actuales cuya vida y organización social puede parecerse bastante a las de estas primeras comunidades sedentarias aljarafeñas. La estructuración de la sociedad en tribus, quizá la que corresponda a este estadio cultural que supone el Calcolítico en el Bajo Guadalquivir, exige, si no una auténtica capital, sí al menos un lugar desde el que se suele ejercer el poder. Y ese sitio hay que identificarlo en el tercer milenio a. C., y para la zona que nos ocupa, con Valencina. En torno suyo surgieron focos satélites más pequeños cuyos restos nos han quedado en La Algaba, en Ia propia Sevilla, en Ia Universidad Laboral, en los estratos más profundos del Carambolo, en Coria, en Ia Torre de los Herberos y en Puebla del Río, por citar sólo aquellos puntos que estuvieron más vinculados a Coria. Esos núcleos menores pudieron ser tanto pequeñas explotaciones agrícolas como asentamientos temporales de pastores o de gentes dedicadas a la pesca. Aunque las tumbas megalíticas de Valencina no demuestran necesariamente una alta jerarquización social, política o militar de los grupos humanos, parece que ya en esta época hay que ver cierto predominio de este poblado sólo al comprobar la inexistencia de enterramientos tan espectaculares en los demás enclaves señalados y el menor tamaño de estas otras poblaciones. Dada la presencia de un gran número de pequeños idolos encontrados en Valencina frente a la total ausencia en los restantes asentamientos, tampoco parece descabellado situar en esa altura la capitalidad religiosa de la comarca, relativamente alejada e independiente de otro gran foco que hay que colocar en torno a Lebrija. Hoy sabemos que los habitantes de la Valencina pre histórica consumieron trigo y cebada entre otros productos agrícolas, pues los molinos de piedra halladós hablan de la transformación en harinas de los cereales, cultivos introducidos ya en fases anteriores. Más directa es la información sobre los alimentos de origen animal, porque sus restos óseos quedaron hasta hoy sepultados entre las ruinas de las cabañas. Si la vida de los primeros habitantes de Coria fue semejante a la que llevaban los de Valencina y nada permite suponer lo contrario tenemos que pensar en un consumo relativamente frecuente de cerdos, ovejas, cabras y vacas, al que hay que sumar el de productos de la caza, principalmente conejos, y en menor abundancia aves, jabalíes y ciervos. En Coria habría que hacer especial mención a la pesca por su proximidad al río. No está constatada la domesticación del caballo nil a del asno, así como tampoco la de aves de corral.<br />
El reducido grupo humano que habitara en Coria durante estos momentos, en concreto en el Cerro de San Juan, practicaría una religión que conocemos a través de las figurillas de Valencina y de otros lugares, imágenes esquemáticas unas veces y más naturalistas en otras ocasiones que hacen referencia a cultos astrales con frecuencia personificados en representaciones humanas o en abstracciones de animales</span></p>
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<p><span>Pero toda esta unidad cultural y organización social calcolítica, que englobó en cierta medida bajo un com portamiento homogéneo a ia comarca de La Ribera, va a desaparecer durante el segundo milenio a. C. Todavía no se han dado razones concluyentes que expliquen el enorme vacío de población atestiguado en gran parte del Bajo Guadalquivir a partir del 1800 a. C. aproximadamente, y que duraría, con sus lógicos altibajos, mil años más o menos. Pero lo cierto es que ese despoblamiento relativo es fácil de constatar cuando se lleva a cabo el recuento de los sitios habitados durante la nueva fase (plena Edad de Bronce) frente a los registrados para las épocas inmediatamente anteriores y posteriores. Además, los pocos enclaves conocidos hasta Ia fecha revelan la coexistencia de tradiciones culturales distintas, con posibilidades de una pervivencia en determinados focos locales de la herencia calcolítica anterior frente a núcleos de gentes vinculadas al grupo cultural de las cistas de Huelva y Portugal o a la civilización de El Argar, culturas que al mismo tiempo se venían desarrollando al Oeste y al Este del Bajo Guadalquivir respectivamente. En Coria se documentan muy pocos restos de este momento, pues su pequeño núcleo de población tal vez se vio afectado por la referida crisis general. Que sepa- mos, sólo algún pequeño fragmento de cerámica proce- dente del Cerro de San Juan pueden ir, y aún con dudas, a estas fechas de mediados del segundo milenio a. C., ya que su bruñido, color y forma sugieren tal cronología. Es posible, no obstante, que los pequeños cuchillos de sílex a que antes aludimos (flg. 3) pertenezcan a esta fase de Ia Edad del Bronce, y no a los tiempos calcolíticos anterio res, porque su tamaño, relativamente pequeño en comparación con las piezas más frecuentes en el Calcolítico, habla de esta posibilidad mejor que de aquella otra.<br />
Algún día, y mediante excavaciones arqueológicas metódicas, Coria podrá ofrecer una buena guía de lo que por estas comarcas sucedió durante el segundo milenio a. C., <span style="color: #000000;">porque su posición estratégica en la antigua desembocadura del Guadalquivir permite suponerla siempre con un mínimo núcleo de población a pesar del retroceso demográfico de la época. Tal vez esas futuras investigaciones no hagan más que demostrar que la zona era un punto de confluencia de tres tradiciones culturales diferentes que convergían en el Bajo Guadalquivir desde áreas de origen distintas: la argárica desde el Este, la meseteña desde el Norte, donde se estaba empezando a desarrollar Ia cultura de Cogotas, y la del mundo de las cistas desde Huelva. No faltan de hecho eslabones en cada uno de los sentidos, pues esas influencias se han documentado ya en los alrededores de Lebrija, de Lora del Río y de Sanlúcar la Mayor respectivamente, estrechando así un circulo cada vez más próximo al lugar que aquí nos interesa.</span><br />
<span style="color: #000000;">La amalgana de todos estos componentes, unida a la herencia de rasgos culturales y bases demográficas ante riores, tal vez sea uno de los principales factores que van a dar lugar al mundo tartésico propiamente dicho. A su vez, esta fecunda síntesis pudo estar potenciada por un auge demográfico que se manifiesta ahora en el naci miento de nuevos asentamientos humanos en abundancia a lo largo de unos tres siglos (X, IX y VIII a. C.), fenóme- no que pudo obedecer en parte a la benignidad del clima, porque precisamente fue el empeoramiento de éste la única razón aducida hasta ahora por los investigadores para explicar el despoblamiento parcial que sufriera la región a lo largo del segundo milenio a. C.</span><br />
<span style="color: #000000;">Con la nueva fase, que los prehistoriadores han dividido en dos subperiodos fundamentalmente (Tartessos precolonial y Epoca Orientalizante), Coria va a alcanzar Ia madurez urbana propiamente dicha. La ruptura de la unidad calcolítica de La Ribera a partir de los inicios del segundo milenio a. C., con el consiguiente desmembramiento de la organización económica y sociopolitica que tenía como cabeza rectora a Valencina y como enclaves supeditados a este poblado otros muchos puntos de sus alrededores, permitió a Coria adoptar un nuevo sistema organizativo basado en una mayor igualdad respecto a las poblaciones cercanas. La nueva situación cuaja en época tartésica sin perjuicio de la existencia de una ciudad rectora que coordinara todo el territorio y que fuera sede del monarca. De estos otros tiempos Coria cuenta con restos en abundancia que merecen un análisis más detenido en el siguiente apartado.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Caura tartésica</strong></span></span></p>
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<span><span style="color: #000000;">El Cerro de San Juan ha entregado numerosos vestigios de los momentos tartésicos, tanto de su fase anterior a la colonización semita, lo que los prehistoriadores lla man «Bronce Final», como de la etapa contemporánea a Ia presencia en la Península Ibérica de estos colonos orientales, conocida como «Período Orientalizante». Cronológicamente esta época se desarrolla aproximada mente entre los años 1000 y 500 a. C., y tiene como bisagra que vertebra las dos etapas antes aludidas el 750 </span><span><span style="color: #000000;">Los documentos más significativos del momento tartésico en Coria se concentran en el mismo núcleo de población actual, con un foco en el Cerro de San Juan, donde residía Ia ciudad propiamente dicha, y otro u otros en sus inmediatos alrededores, lugares ocupados por las necrópolis. Casi todos ellos se refieren a Ia cultura material de sus pobladores, porque Ia falta de excavaciones metódicas ha impedido contar con otras fuentes de conocimiento que nos hablen de su economía, alimentación, costumbres religiosas, urbanismo, etc. De ahí que todo este otro grupo de cuestiones deba conocerse de momento muy indirectamente, sólo a través de las semejanzas con puntos cercanos investigados, como El Carambolo en Camas o el Cerro Macareno en San José de Ia</span><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #333333;">Rinconada</span>.</span></span> <span style="color: #000000;">más o menos.</span></span><br />
<span><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #000000;">La más antiguas cerámicas de Ia nueva cultura aparecidas en Coria corresponden a tipos bien documentados en yacimientos del Bajo Guadalquivir y de Huelva como correspondientes en parte al Bronce Final. Se trata de recipientes hechos a mano, es decir, sin utilización aún del torno de alfarero, y luego bruñidos o alisados en sus superficies. Parte de ellos se decora con una temática pintada que desarrolla motivos geométricos a base de líneas, rectángulos, aspas, triángulos, etc.. Otro grupo más reciente lo componen principalmente vasos orientales, producto del comercio de importación. Una de esas vasijas procede al parecer de Ia zona de necrópolis (figs. 5 y 6). Estas piezas se fechan en torno a los siglos VIII y VII a. C., y presentan una decoración bícroma propia de las cerámicas siropalestinas y chipriotas a torno de Ia época. La mayor es a su vez una de los recipientes importados más antiguos de ia Península Ibérica, existiendo otros parecidos en Ullastret (Gerona) y en La Joya (Huelva), ambos posiblemente algo más reciente que el de Coria.<br />
El impacto que las nuevas técnicas alfareras producirían en el Bajo Guadalquivir condujo a Ia elaboración de una serie propia conocida como «cerámicas figurativas orientalizantes», en cuya formación jugó en parte un papel importante el mundo grecochipriota, ya que muchos de los motivos representados en esas grandes vasijas no se conocían en las cerámicas fenicias, aunque si en los objetos de marfil y quizás también en los tejidos.</span></span></span></p>
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<p><span><span style="color: #333333;">El grupo tartésico ha dado piezas espectaculares en muchos yaci mientos ribereños y de la campiña. Desgraciadamente los hallados en Coria están excesivamente fragmentados, lo que impide reconocer los temas que se pintaron, pero no dejan de reflejar en cualquier caso <span style="color: #000000;">Ia vinculación de Ia población tartésica de esta ciudad al panorama orientalizante más puro del Bajo Guadalquivir. Esa mis ma característica puede desprenderse del broche de cinturón de bronce encontrado entre los frecuentes resto que constantemente proporciona el Cerro de San Juan.<br />
En definitiva, toda esta cultura material nos habla de una población fuertemente enraizada en las modas de la época, así como de una inserción importante en el comercio internacional del momento.<br />
La vinculación a las directrices de la nueva etapa nose manifiesta exclusivamente en el repertorio de los objetos puramente utilitarios, sino que trasciende también otras facetas de la vida diaria y aún a las creencias religiosas, incluidas aquí las costumbres funerarias. Respecto a estas últimas, sospechamos hoy que en la fase tartésica precoloníal se practicaron ritos mortuorios que no deja ron huellas arqueológicas, tal vez porque respondían una incineración del difunto con posterior dispersión de sus cenizas, como de hecho se constata aún hoy en pue bios de vieja raigambre indoeuropea. En el Guadalquivir y en muchos otros ríos se han encontrado con frecuencia armas de bronce que corresponden siempre a esta época. Como el hallazgo de armamento suele ser casi exclusivo de los ajuares sepulcrales durante todos los tiempos prehistóricos y protohistóricos, cabe preguntarse si no podríamos estar ante los restos de esos ritos funerarios hallar las armas de Ia Edad del Bronce en las aguas y faltar las tumbas en la tierra paralelamente. Dicho ritual consistiría en una hipotética aspersión por el río de las cenizas del difunto acompañadas de sus correspondientes ofrendas. A estas alturas del Guadalquivir, en las prox midades de Coria y Puebla del Río, ha aparecido una punta de lanza de bronce del tipo usado durante e época, y que responde a Ia misma clase de las halladas abundancia en la Ría de Huelva. Este testimonio de pertenecer sin duda a ia antigua población tartésica Coria.<br />
Transcurrido algún tiempo, y como producto del pacto colonial de los pueblos orientales venidos de Chipre y de las costas siropalestinas, se introducirían en este contexto indígena unos nuevos usos mortuorios, según los cuales las cenizas de los incinerados se colocan ahora en la tierra, sea o no bajo túmulo funerario. Tal aculturación se produce quizás sin eliminación por completo de la anterior, por lo que aquella supuesta aspersión fluvial de los restos crematorios pudo seguir coexistiendo con las nuevas normas hasta tiempos mucho más avanzados. De todas formas, el testimonio más claro de que la moda re cién iimpuesta por la colonización oriental tuvo sus partidarios en Coria es la jarra de cerámica hallada en Ia necrópolis de esta época, situada tal vez en el cerro inmediatamente al Norte del de San Juan, donde esta vasija pudo ejercer Ia función de urna cineraria o recipiente de ofrendas (fig. 6).<br />
A partir de los restos constructivos desenterrados en El Carambolo y en otros asentamientos próximos, debemos imaginar a Ia Coria del Bronce Final formada por cabañas de tendencia circular u oblonga, lo que conviene al marco indoeuropeo del momento y al sustrato tartésico precolonial; mientras que durante la fase siguiente se impondrían los muros rectilíneos propios del mundo oriental fenicio. Este último sistema desembocaría en un urbanismo más organizado, con la consiguiente estructuración de la ciudad en calles y plazas trazadas a cordel, siempre desde luego dentro del reducido perímetro que imponían las dimensiones de la parte alta del Cerro de San Juan.<br />
La fama que alcanzaron los bueyes del rey Gerión, nombre tal vez en parte mitico con el que se conoció en Ia Antigúedad a uno de los principales monarcas tartésícos, no puede quedar ya relegada a la leyenda o a Ia pobre información transmitida por los textos escritos del mundo grecorromano. Hoy sabemos por varias excavaciones que los rebaños de vacas de Ia Baja Andalucía, tan abundantes todavía en la periferia de Coria, fueron uno e de los soportes más sólidos de la economía tartésica. Así lo demuestran Setefilla, El Carambolo, El Macareno y el a Berrueco de Medina Sidonia, lugares donde se han podido identificar los restos de comida de esos grupos humanos; y nada hace pensar en una alimentación diferente para las gentes de Coria.<br />
El segundo lugar en el abastecimiento de productos animales lo ocupaban las ovejas y las cabras. Y sobre toda esta base, que conoce además desde épocas antiquísimas la domesticación del perro, vendrán nuevos aportes la Ia cabaña ganadera gracias al contacto con los fenicios. Serán esos animales principalmente determinadas aves de corral, sobre todo la gallina.<br />
Aparte de Ia ganadería, Ia población prehistórica de Coria vivió de Ia agricultura cerealista, cuyos productos se transformaban en harinas con los molinos hallados entre sus ruinas. Estas piezas para la trituración del grano revelan además unas relaciones comerciales con comunidades humanas próximas, porque unas están hechas de granito traído de Gerena y otras de piedra ostionera del litoral gaditano. Aunque está por demostrar que el interior del Aljarafe, a las espaldas de Coria, empezara ya a plantarse de olivos, sabemos que este árbol fue introducido por los fenicios a la vez que el granado y tal vez la higuera. No hay que descartar de todas formas que el fruto de los acebuches fuera explotado antes de las colonizaciones orientales para la obtención de aceite o como producto de mesa.<br />
En definitiva, todo este panorama refleja una sociedad bien organizada a través de unas estructuras sociopolítícas y de unos vínculos comerciales estrechos. El conoci miento de estas facetas de Tartessos es cada vez más profundo para los investigadores, pero restan aún muchos otros aspectos que permanecen oscuros. Así, apenas se sabe nada de la religión de época precolonial, porque no existen imágenes de dioses, o por lo menos éstas no se han encontrado. Mejor conocida es en cambio la fase orientalizante, porque a partir de ella se introducen nuevas divinidades y toda una mitología a la que nos acercan tanto las propias figurillas de broce de la Astarté del Carambolo, o las de Melgart recién halladas en Cádiz, con los mismos textos escritos de las antiguas civilizaciones orientales.<br />
La estabilidad creada por Tartessos pudo basarse, en lo que se refiere a los aspectos puramente económicos, en tres pilares fundamentales: las actividades agropecuarias, el comercio y la metalurgia. Respecto a este último punto, no parece que Coria jugara un papel significativo por su situación geográfica alejada de las cuencas mineras, y sobre el primero hemos insistido suficientemente. En el comercio, en cambio, nuestra población debió ejercer un control fundamental. Cada vez está más claro que, antes de que los fenicios se asomaran a las costas andaluzas, los navegantes tartesios se habían adentrado en el Atlántico tanto en dirección sur, por las costas occidentales de Africa, como norte, con frecuentes contactos en este segundo caso con toda la fachada oeste peninsular al menos. Por el Mediterráneo parece probable una llegada hasta Cerdeña, posibilidad señalada por las fuentes escritas y cada vez más corroborada por la arqueología. Sin duda Coria desempeñó un papel significativo en estas navegaciones. Aunque es imposible saber si participaron o no en ellas sus propios marineros, en cambio del mismo emplazamiento de la ciudad, dominando desde una altura la entrada hacia el territorio tartésico del Valle del Guadalquivir y el fondo de la gran bahía que ocupaba las actuales Marismas, puede deducirse que ejerció un control efectivo del comercio naval como puerta entre el Atlántico y el Guadalquivir. Y fue esta posición privilegiada la que le permitió perpetuar su vida durante la fase inmediatamente posterior, es decir, la turdetana.</span></span></span></p>
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<p><span><span><span style="color: #333333;"><span style="color: #000000;"><strong>Caura turdetana</strong></p>
<p>La segunda Edad del Hierro o período ibérico se inicia en Andalucía occidental a raíz de una grave crisis: la muerte de Tartessos. Frecuentemente se ha señalado que en este final de Ia civilización tartésica influyeron causas internacionales del momento, aludiéndose a la batalla de Alalia o a la caída de Ia gran metrópolis fenicia, Tiro, bajo Ia doninación asiria. A estas razones se han añadido otras más locales, como el agotamiento de ciertas posibi lidades mineras en el foco de Riotinto y la consiguiente crisis metalúrgica. Pero pocas veces se ha explicado por qué desaparecen al final del siglo VI a. C. tantos poblados que no serian habitados jamás o sólo después de varios siglos. Cuando se observa sobre un mapa de Ia Baja Andalucía dónde se situaban muchos de aquellos núcleos arruinados se llega a Ia conclusión de que eran puntos en zonas de campiña que habían vivido casi exclusivamente de actividades agropecuarias. Y es entonces cuando hay que sospechar que, a todas las razones antes señaladas para explicar la crisis, deben añadirse otras tal vez de carácter climático que trastocaran las producciones normales agrícolas y ganaderas de Ia región. Porque, cuando se analizan las poblaciones que pudieron solventar tales problemas, siempre éstas se sitúan al pie del Guadalquivir, arteria fluvial que les permitió afrontar el período crítico con cierto desahogo al proporcionarles unos apoyos económicos con los que no contaron las ciudades de Ia campiña: el comercio y la pesca.<br />
En estas dos actividades hay que ver, pues, los pilares fundamentales de Ia Caura turdetana, es decir, la base económica de la ciudad durante los cuatrocientos años aproximadamente que van desde la caída de Tartessos hasta el inicio efectivo de la Romanización. No quiere esto decir que se abandonaran otros sectores de Ia economía, en concreto los de la ganadería y Ia agricultura, pero</span><span style="color: #000000;"> estos segundos fueron propios de otros muchos enclaves, mientras que en Cona alcanzaron tal vez especial relevancia aquellos dos primeramente señalados, el mercantil y el pesquero, ambos aspectos por lo demás caracteristicos de Ia población hasta la actualidad, o al menos hasta que los puertos fluviales de cada uno de los pueblos ribereños han sido sacrificados en aras de la potenciación exclusiva del sevillano.<br />
Aunque escasos, existen en realidad datos que apoyan estas conjeturas. Por una parte, las numerosas cerámicas pintadas ibéricas procedentes del Cerro de San Juan ha blan de que el lugar continuó habitado durante esta nueva etapa. Por otro lado, las actividades pesqueras quedaron bien reflejadas en las amonedaciones de Caura del final del período ibérico, en las que se coloca, como símbolo de la ciudad y aludiendo a uno de los pilares económicos de la misma, un sábalo. La existencia de una ceca local, que coincide con la etapa de tránsito entre el mundo turdetano y la dominación romana, refleja asi mismo la importancia de las actividades de mercado en Coria. Aquí llegaron por ejemplo monedas de la antigua llipa, hoy Alcalá del Río, mientras que las de Coria se han localizado en ciudades cercanas como la de Orippo, en Ia Torre de los Herberos (Dos Hermanas).<br />
De Coria proceden, además, algunos fragmentos de cerámicas griegas del siglo y comienzos del IV a. C. de los que se infieren unas relaciones comerciales a gran escala con el Mediterráneo oriental. Por otra parte, no faltan ánforas para el transporte de mercancías que el yacimiento cercano del Cerro Macareno fecha en los mismos siglos y que también se han documentado recientemente en almacenes de Corinto.<br />
A pesar de toda esta información, Ia Caura inmediatamente prerromana nos es desconocida casi por completo, porque faltan excavaciones metódicas que permitan reconstruir sus estructura urbana, todavía limitada desde luego al perímetro del Cerro de San Juan. Tampoco existen datos sobre la necrópolis de esta época, aunque esta laguna es propia de todos los yacimientos turdetanos si exceptuamos contadas tumbas de Carmona, Setefilla o Utrera que en realidad pueden corresponder a una contaminación de la costumbre indígena por parte de rituales mortuorios romanos, y en los que las incineraciones se colocan en urnas de cerámica pintadas al estilo ibérico andaluz. Esta ausencia de sepulturas puede deberse a que las normas funerarias respondieran a ritos que, como en el Bronce Final, tampoco dejasen huellas arqueológicas, recuperando tal vez tradiciones no perdidas del todo durante la etapa tartésíca orientalizante.<br />
Ahora no parece que existiera en Andalucía occidental una estructura política organizada al estilo de la monarquía tartésica, de la que conocemos reyes en parte legendarios que responden a los nombres de Habis, Gerión y Argantonios. El desmembramiento de ese poder central condujo a la acentuación en nuestra comarca de unas rivalidades locales que, de forma incipiente, se habían insinuado ya en el momento inmediatamente anterior, y que en la época ibérica van a conocer cierto apogeo. Cuando se profundiza en el desarrollo histórico de los enclaves humanos nacidos en las orillas del Bajo Guadalquivir a raíz del auge demográfico tartésico, se observa que muchos de los sitios originados durante el Bronce Final o poco después quedan abandonados en época turdetana en favor del desarrollo de poblados vecinos. Así ocurre en Itálica, donde un punto habitado junto al anfiteatro romano desaparece al trasladarse la población ibérica al actual Santiponce. En El Carambolo observamos algo parecido respecto a San Juan de Aznalfarache, la iberromana Ossez. En Coria esa rivalidad se establece lógicamente con Puebla del Río, cuyo núcleo originario de población, de antigua fundación calcolitica y que conoce cierta vida en estos momentos, quedaría sacrificado durante mucho tiempo frente al auge de Coria, que lo relega a un estado casi latente hasta bien entrada la Edad Media. Las razones que imponen el triunfo de unos poblados y el fracaso de otros parecen estar únicamente en su posición respecto al rio. Si observamos el mapa de distribución de asentamientos iberromanos de carácter urbano en La Ribera y Ia reconstrucción probable del antiguo cauce fluvial , puede demostrarse que la causa de que despeguen unos determinados núcleos es simplemente el hecho de ocupar puntos altos resguardados de las inundaciones y a su vez situados a orillas del Guadalquivir. Por esta razón, cada vez que uno de los meandros de éste tocaba los cerros más o menos pronunciados de una y otra orillas. permitía el nacimiento de una importante ciudad. Ese esquema se ha transmitido hasta nuestros días sin apenas transformación durante las siguientes etapas históricas.<br />
Coria se situaba precisamente en el último cerro del Aljarafe tocado por el Guadalquivir. porque, a partir de aquí, el rio discurría aguas abajo hacia el sureste, despegándose de los cerros de La Puebla, para adentrarse en el lago Ligustino, es decir, en las actuales Marismas.<br />
La rivalidad de núcleos poblados se estableció principalmente con los vecinos de Ia misma orilla, porque cada población era el punto de embarque de los próductos que salían por ella a través del rio desde las tierras que dominaba, o bien el lugar de entrada de las importaciones. Por esta causa no suponían en principio competencia alguna los asentamientos de Ia otra margen, sino todo lo contrario, ya que ofrecían un complementé necesario en el sistema de comunicaciones. Así, puede establecerse una correspondencia casi exacta entre un lugar poblado en una ribera y el correspondiente en Ia opuesta. Indudablemente, Ia compañera de Coria en este caso fue Orippo. ciudad situada en Ia actual Torre de los Herberos y que concentraba en su puerto fluvial, frente a Caura, los productos procedentes de toda Ia comarca hoy ocupada por los dominios de Dos Hermanas y Bellavista, así como los de la parte norte de Los Palacios. Desde el lado contrario del río, Coria ejercía Ia misma función respecto a gran parte de las tierras del extremo suroriental del Aljarafe.<br />
Esta es la situación que consol ida Ia segunda Edad del Hierro y la que va a encontrar Ia nueva dueña de Ia situación: Roma.</span></span></span></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span><span><span>Culturalmente, la dominación romana de la Bética se presenta como una etapa marcada de continuidad. Pero cuando se analizan<span style="color: #000000;">situaciones particulares de algunas ciudades se observan ciertos cambios dignos de subrayar. Creemos que en Coria estas transformaciones afectan sustancialmente a su estructura urbana, en concreto con el inicio de un traslado del casco de población desde la parte alta del Cerro de San Juan hacia su emplazamiento actual. El cruce que forman hoy las calles Méndez Núñez- Pérez Tinao, por un lado, con Cervantes, por otro, y Ia consiguiente subdivisión reticulada de sus correspondientes paralelas, parece hacer alusión a una planificación del urbanismo local en época romana. La salida hacia el Norte de Ia calle Cervantes conducía a la ruta terrestre que por todo el flanco oriental del Aljarafe unía las ciudades ribereñas de la margen derecha del Guadalquivir, mientras que hacia el Sur llevaba hacia otros pequeños enclaves romanos del borde meridional de esta comarca hasta llegar a Aznalcázar. La principal arteria transversal seguia una dirección Este-Oeste, y ponía en comunicación Ia zona portuaria de Coria con el interior aljafareño. Es posible también, aunque faltan todavía datos concluyentes, que empezara paralelamente una utilización secundaria de la antigua acrópolis. No se puede descartar el uso de ese sector alto como lugar defensivo, porque Plinio, autor del s. 1 d. C., cita a Caura como oppidum, es decir, como lugar fuerte, prominente y de fácil defensa, al pie del Betis. Esta función como área reservada a determinados servicios explicaría la escasez de testimonios romanos de época imperial en el perímetro del Cerro de San Juan y la utilización como necrópolis de sus faldas meridional y occidental. De la primera parece proceder la inscripción funeraria conservada en la ermita del Cristo de la Vera Cruz, y en la segunda se hallaron varias tumbas tardías próximas a Ia confluencia de Ia bajada oeste del cerro con la calle Cervantes.<br />
Este último grupo de sepulturas, unido al que hace años apareciera en el solar del antiguo almacén de aceitunas, forman en conjunto la principal necrópolis romana de Coria hallada hasta la fecha. Como obligaba la ley latina, el cementerio se colocó fuera del perímetro propiamente dicho de la ciudad, en concreto en su salida norte. Los estudios llevados a cabo hasta la fecha, inéditos unos y referidos a hallazgos casuales otros, impiden hacer todavía una valoración sobre los momentos precisos de su desarrollo, y más aún intentar cualquier estudio demográfico.<br />
A partir del siglo 1 d. C., y sobre todo en torno a su segunda mitad, la Bética conoce un poblamiento generalizado del medio rural. Si Ia explotación del campo circun- dante se había llevado a cabo anteriormente desde los propios centros urbanos, con el consiguiente desconocimiento por lo general de un poblamiento disperso, a partir de ahora se tiende a crear pequefios focos relativamente distantes de las ciudades que, cumpliendo la misma función que los cortijos y caseríos rurales de hoy, facilitaban el cultivo de los campos y la cría de los ganados. Son las villae romanas.<br />
De todos estos pequeños asentamientos están ausentes las cerámicas campanienses propias del período romano republicano, y en cambio aparece en abundancia la llamada terra sigillata, sobre todo las formas de recipientes que se inician a partir del reinado de Claudio, a mediados del siglo 1 d. C. Muchas de estas vasijas pudieron estar fabricadas en la Galia, desde donde se exportarían a otras zonas del Imperio.<br />
En los alrededores de Coria este fenómeno de poblamiento rural queda patente a través del nacimiento de muchas villae, aparentemente sin orden alguno en su reparto, cuya distribución obedece en realidad a la existencia de una red de comunicaciones casi siempre conservada hasta la actualidad. La ocupación es más antigua en las tierras más fértiles, mientras que los enclaves más tardíos se ven obligados a establecerse sobre los suelos más pobres. Los sitios hoy conocidos corresponden a los actuales topónimos de Villa Asunción, Buenavista, Pozo Blanco, El Carramolo, El Capitán y La Reguela en el borde oriental del Aljarafe, mientras que en la otra margen del río destacan Los Calerones, La Corchuela y varios puntos en Ia Dehesa de Coria. Todos estos caseríos romanos son fácilmente detectables por la abundancia en ellos de materiales de construcción, principalmente grandes ladillos y tejas planas que responden a los modelos típicos de la época. Pero ninguno se ha excavado por ahora, por lo que desconocemos su función específica, si estaban más dedicados a la agricultura que a Ia ganadería, si tuvieron además molinos de harina o de aceite como de hecho demuestran otras villas recién excavadas en Alcalá de Guadaira por ejemplo, o si fueron incluso meros puntos de parada en los caminos junto a los que se asentaron. En lineas generales cabe suponerles un papel primordial en la producción de los tres pilares básicos de Ia economía agraria romana de Ia zona: la vid, el olivo y los cereales de invierno.<br />
De la orilla derecha del Guadalquivir, y en concreto de muy cerca de Coria, procede un fragmento de ánfora correspondiente a los modelos más usados entonces para el transporte del aceite. La Roma imperial importó ingentes cantidades de estos recipientes cargados del preciado liquido de la Bética; y algún día, cuando puedan identificarse las marcas de tales ánforas en los alrededores de Coria, estaremos en condiciones de saber si de su puerto fluvial salieron o no barcos que transportaran ese producto hasta la capital del Imperio.<br />
En síntesis, la Caura romana hay que verla como uno de los focos principales de romanización del Sur del Aljarafe, tarea que compartía con Aznalcázar. Desde Ia ciudad se controlaba todo el poblamiento disperso de sus alrededores, y en ella se concentraban los productos del campo para comercializarlos por el río tanto en mercados regionales como extranjeros. A su vez ejercía como eslabón entre la administración romana y parte de los territorios conquistados del Bajo Guadalquivir, canalizando los</span><span style="color: #0000ff;"> <span style="color: #000000;">tributos con los que la comarca contribuía al erario público romano.<br />
La ínscripción funeraria hallada en Ia propia Coria revela un dominio de Ia lengua latina entre sus pobladores, y a su vez hace alusión a un cargo religioso, el de sacerdotisa, propio de los nuevos cultos introducidos por Roma en detrimento de los antiguos ritos y creencias iberopúnicos.<br />
Pero si a las fases republicana y altoimperial romanas podemos acercarnos con relativa facilidad gracias a toda la documentación antes analizada, a partir del Bajo Imperio entramos en un período verdaderamente oscuro. Tal vez algunos de los enterramientos por inhumación hallados en los cementerios citados correspondan a estos tiempos tardíos por su carencia total de ajuares funerarios, lo que revelaría la continuidad de la población hasta enlazar la Caura romana con la visigoda y la altomedieval. De todas formas, se nota una total ausencia por otra parte de testimonios que nos hablen de esas nuevas etapas. En momentos tardorromanos debe colocarse la introducción del Cristianismo en la zona, probablemente teniendo a Coria como uno de los muchos focos de entrada, pero todo lo que puede afirmarse al respecto son meras hipótesis.<br />
El cambio de religión en la Antiguedad tardía, unido al desmembramiento de las estructuras sociopolíticas y económicas que habían hecho posible la existencia del Imperio Romano, son en realidad el punto de arranque de una serie de transformaciones que van a dar lugar al nacimiento de Ia ciudad medieval, estudiaba en otío capitulo. A lo largo de éste hemos tenido ocasión de contrastar, a través de una información todavía pobre, pero que augura un futuro conocimiento más profundo, cuáles fueron las características principales de Coria durante los tiempos prehistóricos y durante la Antiguedad.<br />
A modo de síntesis sobre estas dos etapas, puede afirmarse que ya desde su origen hay que ver en el primitivo núcleo de población el resultado de unas constantes históricas propias de la región donde nace nuestra ciudad. De ahí que hayamos intentado en cada periodo instalar a sus habitantes en las circunstancias que les tocó vivir, alejándonos de hacer un análisis histórico excesivamente localista, que por lo demás creemos incorrecto.<br />
Precisamente el situar a Coria en el contexto de cada época y el hacer una breve valoración de su posición geográfica respecto al río y al territorio circundante, permite observar características de poblamiento y problemas históricos que permanecen hasta la actualidad. Sus actividades pesqueras, conservadas todavía hoy en alguna proporción, no son más que la reliquia de una herencia prehistórica. La rivalidad con pueblos vecinos, que se manifiesta aún incluso en aspectos puramente folklóricos, tiene a su vez unas raíces que penetran hasta los tiempos tartésicos al menos, además de unas razones claramente vinculadas a competencias económicas, en concreto al control del comercio fluvial.<br />
El acercamiento a todos esos fenómenos, intentado en estas breves lineas, debe ser el punto de partida para su comprensión, a la vez que Ia toma de conciencia de unas situación histórica que está en la base de la solución de muchos problemas actuales. </span></span></span></span></span></p>
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		<title>Fiesta Local</title>
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		<title>Feria y Fiestas</title>
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		<description><![CDATA[La fiesta más importante para todos los corianos y corianas, se celebra la tercera semana de Septiembre de cada año. La Feria cumplió en el año 1.997, 160 años, es tres años más antigua que la de Sevilla. Se instalan más de un centenar de casetas en el recinto ferial, con grandes actuaciones en la<a href="http://www.coriadelrio.com/feria-y-fiestas"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span>La fiesta más importante para todos los corianos y corianas, se celebra la tercera semana de Septiembre de cada año.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span>La Feria cumplió en el año 1.997, 160 años, es tres años más antigua que la de Sevilla. Se instalan más de un centenar de casetas en el recinto ferial, con grandes actuaciones en la Caseta Municipal y también con conciertos para la juventud. Se encienden unas 40.000 bombillas en sus arcos ornamentales y unas 10.000 en la portada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span>Goza nuestra Feria de privilegio de estar al lado del Guadalquivir y del Paseo Carlos de Mesa, que nos sirve de descanso y relax para seguir viviendo de la intensidad y disfrute de la Feria.</span></p>
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		<title>Velada del Carmen</title>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En Julio, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, el Ayuntamiento organiza una velada en honor a la patrona de todos los marineros, como homenaje a todos los marineros de nuestro pueblo.</p>
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		<title>Fiesta del Albur</title>
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		<description><![CDATA[El albur es un pez que se captura en el Guadalquivir, de cuya pesca viven un colectivo importante de familias de Coria del Río. Se sirve gratuitamente ese día, a primeros de Mayo, unos 700 Kg. de albures fritos, en el Paseo Carlos de Mesa, junto al Guadalquivir. Ese mismo día se desarrollan otros actos<a href="http://www.coriadelrio.com/fiesta-del-albur"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El albur es un pez que se captura en el Guadalquivir, de cuya pesca viven un colectivo importante de familias de Coria del Río. Se sirve gratuitamente ese día, a primeros de Mayo, unos 700 Kg. de albures fritos, en el Paseo Carlos de Mesa, junto al Guadalquivir. Ese mismo día se desarrollan otros actos festivos, como el concurso de flores, patios y balcones corianos, así como el concurso de platos gastronómicos.</p>
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		<title>Carnavales</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 18:45:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se celebra, generalmente, una semana antes de la entrada de la Cuaresma. Actualmente va tomando una participación importante de los vecinos. Se celebra un concurso de Agrupaciones Carnavelescas todos los años, con gran afluencia de público y competencia de chirigotas. Además un concurso infantil y el gran desfile de la Cabalgata de Carnaval el sábado,<a href="http://www.coriadelrio.com/carnavales"> <br /><br /> (More)…</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Se celebra, generalmente, una semana antes de la entrada de la Cuaresma. Actualmente va tomando una participación importante de los vecinos. Se celebra un concurso de Agrupaciones Carnavelescas todos los años, con gran afluencia de público y competencia de chirigotas. Además un concurso infantil y el gran desfile de la Cabalgata de Carnaval el sábado, con concursos de disfraces durante el recorrido.</p>
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