Escribir sobre la historia medieval de Coria del Rio entraña una serie de dificultades. La Edad Media es una época histórica poco conocida, y por ello fácil presa para todo tipo de especulaciones y falsas interpretaciones. Precisamente donde el desconocimiento se hace más evidente es en el marco de la historia local, es decir la vida de los pueblos y sus gentes, esa vida que por cotidiana no suele protagonizar grandes hazañas ni perdurar en la mente de los pueblos.
Quizás lo más inmediato, dadas estas premisas, sea salir del excesivo localismo y situarnos en un marco más general donde ia evolución histórica de esta localidad adquiera significado. Coria del Rio es una población que se inserta en una comarca rural singularizada y bien definida a lo largo de toda su historia, me refiero al Aljarafe. Por ello, la localidad va a vivir las mismas fases y etapas que el resto de los numerosos lugares que componen esta región. Ahora bien, la riqueza de la historia de esta zona es tal que desborda con mucho los límites de este capítulo sobre el período medieval de Coria del Rio, por lo que se tratará exclusivamente de marcar las fases de la evolución histórica, resaltando los fenómenos que de manera más clara influyeron en la localidad que nos ocupa.
El periodo medieval fue fundamental en el devenir histórico de esta comarca. Se trata de una época en la que se va a forjar un Aljarafe nuevo, no ya tartésico, griego, romano o musulmán, sino todo ello más el aporte cristiano, lo que le va a dar una fisonomía diferente, podríamos decir que única, a esta zona, haciendo de ia misma una individualidad dentro de la multiplicidad de comarcas que componen ia Andalucía actual.
La historia del Aljarafe en ia Edad Media es una historia que se inserta dentro de la del conjunto peninsular. La Península vive durante los siglos medievales una situación peculiar y característica: la presencia de un poder musulmán durante nada menos que ocho siglos. Hacia el 711, el poder islámico invade desde el Sur prácticamente todo el territorio peninsular, quedando sólo algunos reductos cristianos en las montañas pirenaicas y cántabras. Poco después estos núcleos cristianos, presionados por el Islam, iniciarán un proceso de avance hacia el Sur, en un intento primero de supervivencia y más tarde de recuperación de las tierras ocupadas por los musulmanes. Es el inicio de lo que se ha llamado reconquista española, fenómeno presente durante toda Ia Edad Media y que culminará en el año 1492 con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.
Estas especiales circunstancias hace que Ia España medieval aparezca dividida en dos grandes espacios políticos:
A) Al Norte Ia España cristiana, que vive en conti nua aunque lenta expansión, durante la cual irán apareciendo distintos reinos, diferentes entidades político-territoriales, que con los nombres de Castilla, Navarra, Aragón, etc., protagonizarán un largo e intermitente enfrentamiento bélico con los musulmanes
. B) El otro gran espacio geopolitico, al Sur, es Ia España musulmana, que’ vive un progresivo retroceso territorial, sobre todo a partir del siglo XI, tras la desaparición del Califato, sin duda el período más brillante del dominio islámico hispano. Este territorio del Sur de la Península es conocido con el nombre de Al-Andalus, denominación que acabará designando a toda Ia zona al Sur de Sierra Morena la actual Andalucía, pero que en la Edad Media designaba no sólo a esta zona concreta, sino a todo el territorio ocupado por los musulmanes, por tanto, en principio a Ia práctica totalidad de la Península.
Pues bien, la historia del Aljarafe aparece así igual mente dividida en dos etapas diferentes, una musulmana y otra cristiana. La etapa musulmana fue muy larga, de hecho duró aproximadamente cinco siglos y medio, durante los cuales el Aljarafe se convirtió en una de las zonas más alabadas y glorificadas por los cronistas, viajeros y poetas musulmanes. El «as-saraf»; la colina o el otero, como la llamaban los musulmanes, será definida por el historiador Al-Idrisi como «un mar de olivos», que tenía, según otro cronista poeta, Al-Himyari, nada menos que 8.000 alquerías. Esta realidad se refleja en esa expresiva frase de un poeta andalusí del siglo XII, que encomia las casas encaladas de esta comarca diciendo de ellas que parecen «estrellas blancas en un cielo de olivos». En suma, en visión de estos cronistas musulmanes, una auténtica tierra de provisión, rica, bien poblada, e incluso mimada por los sevillanos que tienen en ella no sólo una fuente de abastecimiento primordial, sino también el lugar de solaz y descanso para la ajetreada vida de la ya entonces populosa Sevilla. Una zona, además, productora de aceitunas para el consumo, aceite, higos y frutas, de los que extraerán los sevillanos una importante fuente de ingresos al comercializarlos en el mercado internacional de entonces.
Pero este marco, en cierto modo paradisíaco que ofrecen los viajeros de los siglos X, XI y XII, pronto se va a quebrar. Las dificultades que minan la España musulmana se van a sentir gravemente en la comarca que nos atañe. La caída del Califato de Córdoba en el siglo XI trae consigo la creación de pequeñas células políticas, de restrigidos reinos individualistas, que conocemos como los Reinos de Taifas. En ellos, las luchas internas por el poder propician una debilidad que les hace fácil presa de los ataques de pueblos nómadas del Norte de África. Procedentes del desierto africano, los almorávides y almohades barren Al-Andalus. La división interna y la falta de seguridad por la ausencia de un poder central fuerte, propician cada vez más, la presión militar en AI-Andalus de esa otra fuerza política peninsular, la España cristiana. A partir del 1212, con la derrota musulmana en las Navas de Tolosa, se inicia el periodo final, aunque largo aún, de la definitiva reducción territorial de los dominios musul manes en el Sur peninsular, que culminará en esa otra fecha clave que es el año 1492, con la ya mencionada conquista del reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos.
La incorporación de la Andalucía Occidental a la Corona de Castilla es obra del rey Fernando III, un monarca que al final de su vida se sintió tan apegado a estas tierras que quiso morir en ellas, y ser sepultado en la que habia sido su máxima gloria política y militar, Ia recién conquistada Sevilla. El monarca inicia sus operaciones militares contra AI-Andalus en 1224, utilizando el paso de Despeñaperros, aún hoy como entonces el mejor acceso a Andalucía. Desde tierras jiennenses se dirige por el curso del Guadalquivir hasta Córdoba, que cae en manos castellanas en 1237. Con ello daba un tremendo golpe a la ya quebrantada moral de los andalusíes, y desde luego, Ia conquista de Ia que había sido capital califal, se convirtió en una inyección de entusiasmo para los castellanos. Pero quedaba aún por conquistar el que en el siglo XIII era el núcleo más importante de dominio musulmán en el Valle del Guadalquivir: Sevilla.
Desde Córdoba se prepara con enorme cuidado los pasos a seguir para ia ocupación de esta ciudad. Dos cuerpos de ejército salen de la antigua capital califal hacia el Sur: uno siguiendo el río, y otro a través de Ia campiña. En este avance caen en manos cristianas localidades como Lora del Río, Guillena, Gerena, Alcalá del Río, Carmona y la bien fortificada Alcalá de Guadaira. Sevilla va a ser cercada en 1247, año en que las tropas castellanas acampan en las afueras de Ia ciudad. El cerco iba a ser muy duro, tanto para los andalusíes sevillanos como para los castellanos asediadores. Una serie de campamentos militares rodean a Ia amurallada Sevilla, estableciéndose en puntos como el campo de Tablada, la Puerta de la Macarena, Eritaña o Ia Puerta de Carmona; es decir intentando claramente taponar las salidas de la ciudad. Pero la zona más peligrosa, y sin duda Ia estratégicamente más importante, era Ia que a través de Triana conectaba Sevilla ciudad con su zona de abastecimiento: el Aljarafe. Del Aljarafe venian los productos para alimentar a Ia cercada población sevillana, y también los posibles refuerzos militares de los musulmanes del aún poderoso Reino de Niebla, el más cercano y el único que podía apoyar en su resistencia a los sevillanos. Quizás por ello, este punto de conexión entre Sevilla y su Aljarafe fuera el más cuidado por el rey San Fernando, quien estableció en Ia orilla derecha del Guadalquivir, a los pies del castillo de Aznalfarache, a sus mejores y más escogidas tropas, las que componían los efectivos de Ia Orden Militar de Santiago. Éstas tratarán a duras penas de interceptar cualquier posible ayuda a Ia cercada Sevilla.
A pesar de todo la resistencia se mantuvo, y lo hizo gracias a Ia permanencia de una vía abierta entre Ia ciudad y su campo. Nos estamos refiriendo al famoso puente de barcas sobre el Guadalquivir, que unía Sevilla con su arrabal, Triana, y a través del que llegaban abastecimientos para la población sevillana. Una vía mantenida por la defensa que de la misma hacían los andalusíes desde el poderoso castillo de Triana. Ciertamente la única solución para terminar con el cerco, que ya se prolongaba demasiado, era romper con ese cordón umbilical que seguía haciendo posible la vida dentro de Sevilla. Para ello se va a utilizar el empleo de la marina cántabra. Una flota sale de los puertos del Norte para adentrarse por Ia desembocadura del Guadalquivir, y al mando del almírante Ramón Bonifaz, romper el puente de barcas. A partir de ese momento la situación interna de Ia ciudad se hace insostenible y pronto se inician las negociaciones para la rendición y entrega de la misma a manos cristianas. Esto tuvo lugar el día de San Clemente, 23 de noviembre de 1248. En las capitulaciones de Sevilla se in cluye la entrega de las tierras del Aljarafe, zona que pasa así oficialmente a formar parte de la Corona de Castilla junto a su capital.
Se había iniciado así la etapa cristiana de la historia medieval del Aljarafe, y con ella la de la villa de Coria del Río. Pero la simple conquista militar no era el final del proceso. Después del empleo de las armas vendría la labor más ardua: asentar una nueva población en la zona, una población cristiana que consolidara definitivamente lo que los ejércitos habían comenzado, el control castellano del Valle del Guadalquivir. Este proceso de asentamiento de una nueva población en la zona es lo que conocemos como repoblación, y significó un auténtico trasvase de elementos humanos desde el Norte al Sur peninsular. Para atraer a esta nueva población se le va a ofrecer tierras de cultivo y casas para habitar. La riqueza agrícola de la zona va a ser un enorme incentivo para las gentes de más allá de Sierra Morena, y pronto auténticas riadas de gentes de León, Castilla, Aragón, Valencia, Navarra, así como extranjeros procedentes de Portugal. Francia o Italia, vendrán a asentarse en Sevilla y sus alrededores, constituyéndose en la nueva base poblacional de esta zona.
¿Qué ocurrió con la población musulmana? El destino de la que a partir de ahora se va a llamar población mudéjar, va a ser muy diferente según las circunstancias que presidieron su incorporación a Castilla. Así, Sevilla ciudad, que resistió duramente a las tropas castellanas, va a ser en palabras de los cronistas contemporáneos vaciada de musulmanes, es decir, los habitantes de la urbe deberán abandonar sus casas y posesiones. Por el contrario, aquellas poblaciones que, como las del Aljarafe, no ofrecieron una directa oposición armada a los cristianos, van a permanecer en sus lugares de origen e incluso conservarán sus propiedades, tanto rústicas como muebles. En principio, parece que la política de Fernando III y Alfonso X fue la de mantener al máximo a la población mudéjar en sus tierras, como único medio de no desequilibrar la economía de la zona por falta de brazos para el trabajo. De hecho, en los primeros momentos de la historía cristiana dela comarca, la inmensa mayoría de la población mudéjar, es decir musulmana, y sobre ella se superponía una minoría cristiana que tenía el papel predominante en el gobierno y control de las localidades.
Mientras esta situación se mantenía, la repoblación con cristianos del Norte se fue acelerando. Fernando III y sobre todo su hijo Alfonso, inician muy pronto la llamada Operación de Repartimiento; en otras palabras, el reparto, organizado y dirigido por los monarcas, de tierras a los nuevos pobladores andaluces. En este sentido Coria ha tenido una enorme suerte, al conservarse documentos referentes a tan importante momento de su historia: aquél en que va a recibir un aporte humano básico para su futuro y clave en todos los sentidos.¿Quiénes vinieron a repoblar Coria del Río? Según la Crónica General, fue el infante don Alfonso —el futuro Rey Sabio.— quien entregó la villa de Coria a 500 hombres catalanes para que Ia poblasen. Sin embargo esto debió quedar sólo sobre el papel, yá que en 1625, siendo ya rey, Alfonso X vuelve a dar la villa de Coria a 150 hombres, igualmente de origen catalán. El documento de concesión de Coria a estos repobladores se encuentra en Ia actualidad custodiado en el archivo municipal de esta localidad, y hace mención expresa de una serie de privilegios y franquezas a los mismos con el claro objetivo de que se sintieran atraídos a permanecer en el lugar.
Es interesante observar el papel de los catalanes en la repoblación del área sevillana. En la mayoría de las menciones a este grupo humano, los encontramos formando comunidades más o menos compactas pero casi siempre repoblando lugares de forma conjunta. Además de Coria del Río, los catalanes repueblan Camas, y Ia propia ciudad de Sevilla recibe un contingente de personas procedentes de Cataluña, que agrupados en un barrio propio que lleva su nombre constituyeron un activo grupo en el desarrollo de Ia vida comercial de la ciudad.
Pero vayamos de nuevo al punto concreto que nos interesa: el área ribereña de Coria. Tras su repoblación, Coria del Río quedó situada en una zona muy peligrosa, prácticamente fronteriza a los dominios musulmanes, y por ello fácil presa de razzias y ataques devastadores de los ejércitos granadinos. Sin embargo, los más graves estuvieron protagonizados por ejércitos africanos que llegaban a la Península en apoyo de reino nazarí de Granada, único reducto musulmán que quedaba en la Península tras las conquistas de Fernando III y Alfonso X, y cuyas fronteras, coma antes mencionábamos, llegaban prácticamente hasta el curso del Guadalquivir. Estas tropas africanas las componían un pueblo nómada, guerrero y muy violento, que conocemos con el nombre de los benimerines, al mando de un personaje cuyo solo nombre llegó a atemorizar a los habitantes de la zona, el legendario Yusuf. Los benimerines van a asolar, desde los años 60 del siglo XIII, toda Ia zona dela Ribera e incluso el interior del Aljarafe; ataques que perdurarán hasta 1285. Esta actividad bélica continuada va a provocar ciertamente la ruina económica de la zona, y también, como consecuencia de ello, el que muchos de los nuevos repobladores abandonen sus tierras y se marchen a sus lugares de origen. Coria del Río será una de las poblaciones que sufra más duramente estos ataques, hasta tal punto que su recuerdo ha quedado reflejado en los Cancioneros de la época, caso de las famosas Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, en las que se cuenta un milagro producido en la localidad cuando ésta se vio atacada por el temible Yusuf y sus tropas africanas.
Pero además de la ruina económica o la huida de los repobladores, los benimerines propiciaron la sublevación de los mudéjares, en 1264 la rebelión mudéjar fue tan grave y tan generalizada, que los monarcas castellanos no sólo Ia reprimieron violentamente sino que en cierta forma se vieron obligados a decretar la expulsión de estos peligrosos elementos. Se inicia así un éxodo de la población musulmana de la zona y con él un vacío demográfico nada positivo para la región.
El resultado de la repoblación fue a la larga negativo. Las circunstancias no fueron propicias y la zona, devastada y despoblada en gran medida, vive en los años finales del siglo XIII unos dificiles momentos.
A pesar de todo lo expuesto ,la Corona castellana inicia muy pronto la organización del territorio. A Sevilla ciudad se le asigna como término una enorme extensión de tierras, que constituían lo que en la época se llama el alfoz de la ciudad. Se trata de un territorio que abarcaba prácticamente la actual provincia de Sevilla más el Norte de Huelva y el Sur de Badajoz. Este extenso alfoz se dividía a su vez en varios distritos, de los que el Aljarafe fue sin duda uno de los más importantes. Así fue como Coria del Río, incluida en el distrito aljarafeño, aparece desde el principio de su etapa cristiana como una villa dependiente de Sevilla, regida por las autoridades de la urbe y relacionada por tanto directamente con la misma.
El Aljarafe sufre bajo esta nueva dirección política- administrativa una serie de importantes transformaciones. De ese Aljarafe musulmán compuesto por 8.000 aldeas —sin duda una cifra algo exagerada por el cronista musulmán, pero indicativa de la existencia de un poblamiento disperso—, se va a pasar a una realidad muy diferente. Durante los siglos XIII, XIV y XV, se va a ir forjando la realidad del poblamiento que aún hoy permanece en la comarca. El proceso se puede describir diciendo que el Aljarafe sufre un intenso reagrupamiento de la población, que propicia la desaparición de pequeñas aldeas y Ia formación de villas de mayor importancia que absorben a los habitantes de aquéllas. Este fenómeno aparece perfectamente claro en el caso de las Mitaciones. Las Mitaciones son circunscripciones territoriales características del Aljarafe, en las que exis ten no uno sino varios núcleos de población. Un ejemplo muy claro lo tenemos en la llamada Mitación de Palomares, muy cercana a Coria del Río. Esta comprendía un territorio que albergaba a Mairena, Almensilla y Palomares, así como otras cuatro aldeas que desaparecen por despoblación a lo largo del siglo XV. Aún más sintomático es el caso de la Mitación de Bollullos, compuesta por nada menos que nueve núcleos aldeanos, de los que a finales de la Edad Media sólo queda su núcleo cabecera, Bollullos, que conserva aún en su toponimia el recuerdo de esta peculiar situación: Bollullos de la Mitación.
Pues bien, también Coria del Río se va a beneficiar de este reagrupamiento de la población que sufre el Aljarafe. En su primitivo término, y durante el siglo XIII, Coria comparte el territorio con dos localidades más, Uncina y Loya, aldeas que se despueblan muy pronto, mientras que Coria, por el contrario, inicia una fase de franca expansión demográfica, como tendremos ocasión de ver más tarde.
Coria del Río, además, va a disfrutar de una posición de privilegio con respecto al resto de los lugares del Aljarafe. Su situación en la ribera del Guadalquivir y su cercanía a la ciudad, va a dar lugar a que ,Sevilla tenga una especial consideración hacia esta villa, lo que va a diferenciarla del resto de los núcleos aljarafeños. Esta situación especial se refleja en la denominación que recibe Coria del Río en los siglos bajomedievales, que no es otra que la de «Guarda y Collación» de Sevilla. Es decir, no va a ser un pueblo más del alfoz o territorio asignado a la ciudad, sino una villa que va a gozar de los privilegios que son propios de las collaciones o barrios urbanos: exenciones de impuestos y tributaciones determinadas, y sobre todo, un privilegio con una importante carga económica, como fue la posibilidad de utilizar libremente y sin previo pago los ricos pastos de las Marismas, que le son tan cercanos, y que eran de uso exclusivo para los habitantes de la ciudad.
Hasta aquí hemos intentado insertar a la villa de Coria del Río en el contexto histórico de la España Medieval, y sobre todo exponer las circunstancias en las que pasó de manos musulmanas a cristianas, juntamente con los restantes núcleos que componían el Aljarafe. Veamos ahora algunos aspectos concretos sobre Coria del Río referentes a su demografia, economía y organización ínter na, en la etapa final de su período medieval.
Demografia.
La población de Coria del Rio sufre importantes altibajos a lo largo de la Baja Edad Media. Repoblada primero por 150 hombres catalanes que se unirían a su anterior población musulmana, ésta desaparece tras la expulsión mudéjar decretada en 1264. Se iniciaba así ur período en que la densidad poblacional disminuyó, acentuándose el fenómeno en los últimos años del siglo XIII – causa de la mencionada situación fronteriza, y también – durante el siglo XIV, a causa de graves brotes epidémico producidos a lo largo de esta catastrófica centuria. La situación, muy grave demográficamente hablando, la ex presan los propios vecinos de Coria del Río en un documento de 1386, en el que dicen haber disminuido el número de sus vecinos debido a la gran pobreza que padece la villa. Es decir, entre finales del siglo XIII y finales del XIV, la zona, y con ella la villa que nos ocupa, ha sufrido los tres grandes azotes de la época: la guerra, el hambre y la Peste.
En el siglo XV, sin embargo, Coria del Río va a iniciar un período diferente, positivo en sus resultados finales, aunque no exento de dificultades. En la primera mitad de esta centuria, Coria del Río tiene sólo 57 vecinos, es decir, entre 200 y 250 habitantes, lo que la sitúa por encima, en número de población, que Puebla del Río -con unos 150 habitantes— o Pilas —con poco más de 100 habitantes—. En los años 80 del siglo XV la población de Coria ha aumentado de forma sorprendente, hasta tal punto que ofrece uno de los índices de crecimiento demográfico más altos de todo el Aljarafe ~323%~, lo que supone que su población se había triplicado en aproximadamente unos 50 años. La cifra en número de habitantes es ahora de 828, lo que frente a los 450 de La Puebla, o los 135 de Palomares, la convierten en el núcleo más poblado de entre sus vecinos.
Pero este resurgir de la población no iba a continuar mucho tiempo. La tendencia hacia el crecimiento va a sufrir duros reveses a fines del siglo XV, y sobre todo en los primeros años del siglo XVI. Se inicia entonces un período crítico en el que se suceden años de fuertes sequías con otros de intensas lluvias que provocan el desbordamiento del Guadalquivir y el arrasamiento de los cultivos de la zona. A esto, ya de por sí bastante negativo para el desarrollo poblacional, se va a unir la aparición de graves brotes de epidemia de peste en los años 1507 y 1520-22, lo que provocará una disminución en los efectivos humanos de esta localidad. De hecho, está perfecta mente constatado la disminución del número de habitantes de Coria del Rio. Con todo, la capacidad de recuperación de la villa es sorprendente. Ya en 1534, Coria del Río consigue alcanzar de nuevo un nivel de población que sobrepasa los 800 habitantes, aunque aún sufre los efectos de la crisis. Un documento de la época es sumamente expresivo: los habitantes de Coria declaran en 1534 que en los últimos 20 años han visto disminuir sus haciendas y morir muchos de sus ganados.
Economía
.La población de Coria del Río vive básicamente de la agricultura. Una agricultura que tiene en el olivar y el cereal sus principales bases. Sin embargo, los vecinos de la villa no tienen control alguno sobre estas tierras de cultivo. La inmensa mayoría de las mismas pertenecen a la aristocracia sevillana, quien emplea a los habitantes del lugar como jornaleros, o para ser más exactos con la definición de la época, como braceros, que trabajan estas grandes propiedades. En el mejor de los casos estos grandes propietarios arriendan parte de sus tierras a estos lu- gareños a cambio de una renta anual; pero no es este el sistema de explotación más frecuente.
A pesar de esto que hemos dicho, no debemos considerar a la totalidad de los vecinos de Coria del Río como simples jornaleros. Una gran mayoría de ellos son pequeños propietarios, concretamente más del 40% de la Población de Coria era propietaria de tierras, eso sí de muy pequeñas parcelas. En la inmensa mayoría de los casos se trata de terrazgos dedicados al cultivo de la vid, con una extensión media de aproximadamente una aranzada -poco menos de media hectárea—. Unos minifundios que dificilmente podrían ofrecer a un propietario el nivel económico necesario para el mantenimiento de una familia, por lo que vamos a ver a estos campesinos mini- fundistas contratándose como temporeros en las grandes fincas, ya sea para arar los olivares o segar el cereal, e incluso sus mujeres e hijas trabajando en la recogida de la aceituna. Se conseguia así el complemento económico indispensable para la subsistencia familiar.
Realmente la economía de la zona está totalmente dominada por los grandes propietarios sevillanos, y una muestra de ello lo tenemos en las características de la propiedad de los cultivos de la huerta, sin duda fundamentales en la producción agrícola de la zona. En el siglo XV eran famosos por su calidad los productos procedentes de las huertas de Coria del Rio y La Puebla; productos hortícolas que se cultivaban en parcelas llamadas en los documentos «playas de fruta y arboleda», y de los que se suelen mencionar, por su excelente calidad, los melones. Pues bien, estas parcelas de huerta no son propiedad de vecinos lugareños. De hecho a fines del siglo XV, sólo tres vecinos de Coria poseen huerta propia, el resto pertenece a sevillanos que las arriendan a campesinos locales por períodos de 3, 4 ó 6 años.
A pesar de todo esto que hemos dicho ,la población de Coria del Río no estaba compuesta por desarraigados, ni por una mayoría de personas sin ningún tipo de bien económico. El vecino medio de la villa cuenta, por lo general, con posibilidades económicas gracias a la cría de ganado. Como dijimos anteriormente, el hecho de ser considerada la villa como «guarda y collación» de Sevilla, le proporciona a sus vecinos el poder utilizar los buenos pastos marismeños, por lo que no es de extrañar que se encuentre con cierta frecuencia a lugareños que no poseen tierras pero en cambio son propietarios de ganado en proporciones nada despreciables. Un ejemplo claro nos lo da un vecino de Coria en los últimos años del siglo XV, que si bien no tiene ninguna parcela de tierra propia, posee 26 cabezas de ganado vacuno, 10 de caballar y 300 de porcino. Toda una cabaña ganadera que facilita a este hombre lo que puede considerarse en esta época un auténtico lujo, poseer dos esclavas.
Pero también Ia villa de Coria, como la totalidad de los restantes núcleos aljarafeños, tiene un nutrido grupo de vecinos pobres. En momentos de crisis, por ejemplo en las décadas primeras del siglo XVI, el 35% de la población se declara pobre, y en los recuentos periódicos de la población de la villa se les encabeza así:
«Estos son los braceros que se hallan vivir e morar e ser vecinos del lugar de Coria, e que non tienen bienes algunos que declaran>.
Por supuesto que la actividad económica de los vecinos de Coria del Rio abarcaba un ámbito más amplio que el que se circunscribe a la agricultura y la ganadería. En Coria, la pesca en el río era no sólo frecuente sino también el trabajo exclusivo de no pocas familias de la villa. Asimismo, destaca en este lugar lo que en la época se llama «el trato de fazer tinajas». Es muy frecuente encontrar entre los oficios de los vecinos del lugar, denominaciones como la de «ollero», «tinajero», «tejero», etc. Todos ellos relacionados con el trabajo del barro cocido, muy desarrollado gracias a la calidad de los «barreros» de la zona, y que aún hoy se hace patente en el propio paisaje del término plagado de antiguas construcciones de hornos. De hecho, son Coria del Rio y La Puebla, junto con Triana, los centros que abastecen en la Baja Edad Media al mercado sevillano de productos para la construcción como las tejas y ladrillos.
Organización interna.
Coria del Río, como lugar del alfoz sevillano, depende de la ciudad, pero no por ello deja de tener un gobierno local que entiende de las cuestiones que afectan a asuntos internos. Este gobierno local está representado por un grupo de personas que, vecinos de Coria, compo- nen lo que llamaba el concejo, y que podríamos identificar con el actual Ayuntamiento. El concejo lo formaban una serie de funcionarios que atendían según el campo de sus competencias los asuntos de gobierno en sus más variadas facetas. Las principales e figuras de este gobierno local son:
-Los alcaldes ordinarios. Son dos y se ocupan de la d e administración de la justicia. Actúan conjuntamente, de forma colegiada, y entienden y juzgan los pleitos surgidos entre los vecinos, aplicando las sentencias y penas corres pondientes.
-El alguacil. Encargado de la aplicación práctica de las sentencias. Es lo que podríamos considerar como el brazo ejecutor de la justicia.
- El mayordomo. Su misión es la de administrar la Tesorería del concejo, llevar las cuentas, realizar pagos y cobrar las multas
.- Los regidores. Componen un grupo, variable en número, que tenía como misión ocuparse de aquello que le encargase el concejo, es decir no tenían misión específica .En las reuniones del concejo era oída su voz y tenido en cuenta su voto.
La forma de obtención de los cargos de gobierno era normalmente la elección popular, aunque una vez efec tuada ésta, se precisaba la aprobación de Sevilla para qu los nuevos miembros del concejo pudieran hacer efectiva su función. Elegibles eran únicamente los vecinos de la villa, es decir aquéllos que tuviesen residencia permanente en Coria del Río. La duración de los cargos era anual. Se elegían siempre el día de San Juan de Junio y, por 1o general, salvo el caso del alguacil que precisaba por su tipo de trabajo de una persona joven, el resto de las funciones de gobierno recaían en los elegidos según el orden de aparición que el azar proporcionaba al extraer los nombres de los afortunados de un sombrero o bonete.
Junto a estos funcionarios aparecen otros miembro del concejo que podríamos llamar cargos menores:
- El escribano del concejo. Hombre letrado que debía estar presente en todos los actos oficiales y levantar acta de los mismos. Era una especie de notario oficial del gobierno local.
- El pregonero. Figura indispensable en esta época para la divulgación de las órdenes emanadas del seno del concejo. Su labor se realizaba en la plaza mayor y por las calles de la localidad.
- Por último, tendríamos que hacer mención a los llamados «guardas del concejo». Se trata de un grupo de gentes contratadas por el gobierno local para realizar la vigilancia de los campos del término, tanto de las tierras cultivadas, impidiendo los daños que podían causar en ellas las personas o los animales, como las tierras de pas to, realizando en este caso un control de la utilización de las mismas por los ganados que tenían derecho a ello.
Por encima de todos estos funcionarios locales se encuentra una especie de delegado del gobierno de Sevilla, que, con el titulo de «Alcalde de la tierra», visitaba anualmente las localidades del alfoz y recogía las quejas de los vecinos sobre la actuación del gobierno local; asi mismo revisaba las cuentas del mayordomo. No parece que existiese en Coria del Rio un edificio concreto donde se celebrasen las reuniones de gobierno. Estas llamadas reuniones de cabildo consistían, en palabras de la época, en el acto por el que se juntaban o «ayuntaban» los miembros del concejo, y en el que se discutían las cuestiones surgidas en el seno de la comunidad local. Por lo general, estas reuniones se llevaban a cabo en los pórticos de las Iglesias o en la plaza pública. Sólo a fines del siglo XV se inicia en Coria del Rio la construcción de un edificio para el cabildo; edificio que casi 15 años después, en 1510, aún no se había concluido.
Coria del Río vive en la Edad Media dos etapas históricas diferentes: la musulmana y Ia cristiana. Esta segun da, fundamental para su futuro, se inicia a mediados del siglo XIII, a la par que lo hace la ciudad de Sevilla y la comarca en la que se inserta, el Aljarafe.
Repoblada por catalanes, va a sufrir los factores negativos que prevalecen en la segunda mitad del siglo XIII y durante todo el crítico siglo XIV. Con todo, Coria va a tener en el último siglo medieval, el XV, un período de franca expansión. Su población crecerá, y lo hará de tal forma que aparezca en la ribera como un núcleo de cierta importancia; prácticamente la puerta, junto con La Puebla, del tramo del rio controlado por Sevilla, y por lo tan to participando de la gloria y potencia económica —aunque esto último muy indirectamente— que tendrá esta ciudad en el siglo XVI, momento en que Sevilla apa rece como uno de los más grandes puertos internaciona les europeos.
MERCEDES BORRERO FERNÁNDEZ. Hacia una comprensión de la Coria medieval. Coria del Río APROXIMACIÓN A SU REALIDAD GEOHISTÓRICA.1987.